Nuestros Sabios enseñan que en el Monte Sinaí alcanzamos alturas tan majestuosas que, de no haber sido por el pecado del Becerro de Oro, nunca hubiéramos necesitado construir un Santuario. Si es así, ¿por qué en esta parashá se nos ordena construir el Santuario, a pesar de que todavía no había ocurrido el pecado del Becerro de Oro? ¿Por qué era necesario construir el Santuario en este momento?

En la Torá nada es casual. La Torá menciona que la construcción del Tabernáculo (que servía para mantener a Dios cerca de Su pueblo), fue ordenada antes del pecado del Becerro de Oro (que distanció a Israel de Dios). Con esto Dios nos da una lección para fortalecernos cuando enfrentamos las pruebas de la vida: antes de que ocurra una tragedia, Dios ya brindó la solución.

Nuestra madre, la Rebetzin Esther Jungreis, explicaba a menudo esta enseñanza con una conocida parábola. En un momento u otro, por nuestra propia tontera o por alguna razón inexplicable, nos encontramos en una situación complicada (“agua hirviendo”) y sentimos que no podemos continuar. Bajo tales circunstancias, ¿qué debemos hacer? Tenemos tres opciones que pueden compararse a una zanahoria, un huevo o café.

Si colocamos una zanahoria en agua hirviendo, después de unos minutos se desintegra y se ablanda. Si ponemos un huevo en agua hirviendo, se vuelve duro. Sin embargo, cuando ponemos café en agua hirviendo, el agua se convierte en una bebida deliciosa. Estas son las opciones que tenemos al encontrarnos en "agua hirviendo". Podemos desintegrarnos como las zanahorias, caernos y deprimirnos; podemos endurecernos como un huevo y ser duros, cínicos, enojones y amargos; o podemos volvernos como el café: convertir el agua en una bebida deliciosa.

De la misma forma, podemos transformar nuestras dificultades, nuestras tragedias, en algo positivo y encontrar el camino de regreso a nuestro Creador. Dios nos mostró el camino: la construcción del Tabernáculo que traería expiación por el pecado del Becerro de Oro fue ordenada antes de que ocurriera el pecado. Moshé volvió a subir al Monte Sinaí y le rogó a Dios que perdonara a Su pueblo. Luego ascendió una vez más para volver a recibir los Diez Mandamientos. El día en el que el perdón fue completo, Moshé recibió las Segundas Tablas y este se convirtió en un día de Expiación para toda la eternidad: Iom Kipur.

Entonces, estas son nuestras opciones: frente a una gran dificultad, ¿nos volvemos "zanahorias", nos deprimimos? ¿Nos volvemos "huevos duros", duros y enojones? ¿O convertimos al agua hirviendo en algo positivo y creamos algo deseable a partir de nuestra adversidad? Aprende de esa experiencia. Sigue adelante, sé más sabio y más sensible, cumple el objetivo para el que fuiste creado al continuar sirviéndole al Creador.

Dinero kasher (honesto)

La parashat Trumá, que se enfoca en la construcción del Santuario, sigue después de la parashat Mishpatim, que en gran medida trata sobre las leyes de ética y honestidad. La pregunta obvia es: ¿Qué conexión hay entre estas dos parashiot?

La Torá nos enseña una importante lección. El dinero que contribuimos debe ser "dinero honesto". Nunca tenemos que racionalizar o engañarnos para creer que es aceptable ser deshonestos o no éticos en los negocios si contribuimos a buenas causas caritativas.

Esta enseñanza se ve reforzada por la palabra hebrea trumá, que significa "una porción elevada". Si reacomodamos las letras se forma la palabra hamutar, que significa "lo permitido". Sólo puede donarse para tzedaká dinero "kasher", honesto. Nuestros objetivos deben ser nobles y honorables, y también los medios con los que concretamos esos objetivos deben ser permitidos, inmaculados y estar libres de corrupción.