En la parashá de esta semana, Moisés le recuerda al pueblo judío los milagrosos eventos que ellos mismos experimentaron mientras estuvieron en Egipto y en el desierto. Y luego de reiterar todo lo que había ocurrido, Moisés agregó:

"Pero Dios no te dio un corazón para entender, u ojos para ver, u oídos para escuchar hasta el día de hoy". (Deuteronomio 29:3)

Una Lección de Vida

A pesar de que el todo el pueblo judío había experimentado personalmente todos los fenómenos milagrosos en primera persona, Moisés declaró que ellos no habían entendido, visto o escuchado nada sino hasta el día de hoy. La razón por la cual Moisés dijo esto puede ser una poderosa lección para nuestras propias vidas.

¿Cuántas veces miramos hacia atrás con asombro e incredulidad y no entendemos cómo pudimos haber actuado de tal o cual manera? Así como todos nosotros hemos visto una fotografía del anuario del colegio y hemos exclamado: ¿¡En qué estaba pensando con ese peinado!?

La razón por la cual existe esta diferencia entre como vemos las cosas hoy y como las veíamos en el pasado, es que todas nuestras acciones del pasado estaban basadas en las experiencias de vida que habíamos tenido hasta ese momento. Por lo tanto, unos años más tarde -después de haber vivido y experimentado muchas más cosas- tenemos una marco de referencia completamente distinto sobre el cual basar nuestras decisiones. Y estas decisiones, por lo general, serán radicalmente diferentes a las que tomamos inicialmente.

Moisés quería que el pueblo judío entendiera este importante principio. A pesar de que habían atestiguado y vivido muchos milagros, en el futuro, tendrían cada vez más y más experiencias que agregar a la ecuación mental cuando reflexionaran acerca de estos recuerdos. Y esto implicaba que tendrían un nivel inferior de creencia en Dios y de convicción que lo que tenían en ese momento.

La verdad es que, cuando algo ocurre en nuestras vidas, entonces tenemos claridad absoluta y entendemos porqué ha ocurrido. Pero a medida que pasa el tiempo, recordamos aquellos eventos con una nueva perspectiva, y esto puede cambiar dramáticamente nuestra percepción de los mismos. Ahora tenemos más experiencias en nuestras vidas, y por lo tanto, observaremos estos eventos con ojos completamente distintos.

Hay veces en las que hemos visto claramente la mano de Dios en nuestras vidas. Hemos sentido como Dios está completamente en control de la situación y nos guía por el camino correcto. Pero a medida que pasa el tiempo, olvidamos nuestra sólida e inamovible creencia.

Moisés no quería que el pueblo judío recordara los milagrosos eventos que habían experimentado y que perdieran la grandiosa claridad que tenían acerca de la existencia de Dios y del amor que Él sentía por ellos.

Y ese es el poderoso mensaje. Recuerda un momento en el cual supiste que Dios estaba haciendo un milagro para ti. Y a medida que recuerdas este evento, piensa que Dios "no te dio un corazón para entender, u ojos para ver, u oídos para escuchar hasta el día de hoy". Si es que puedes eliminar el espacio natural que hay entre tu creencia en Dios de hoy y la creencia en Dios de aquel momento, entonces estarás cumpliendo las órdenes de Moisés y podrás vivir cada día dentro de una increíble y alegre realidad espiritual.