En la parashá de esta semana, Dios le dice al pueblo judío que ha puesto delante de ellos la vida y la muerte. Dios luego les implora y les dice:

"...elige la vida, para que vivas..." (Deuteronomio, 30:19)

Una Lección de Vida

Es obvio que si uno elige la vida, entonces vivirá, y si uno elige la muerte, entonces morirá. Pero Dios no se estaba refiriendo a nuestra existencia física. Todos sabemos que a excepción de ciertas personas con trastornos mentales, nadie elige proactivamente el suicidio. Sin embargo todos nosotros - sí, todos nosotros - cometemos "suicidio espiritual" diariamente.

Así como dice Dios, tenemos delante de nosotros la opción de elegir la vida o la muerte, no en un sentido físico sino que en un sentido espiritual y emocional. Desde el instante en que suena nuestra alarma temprano por la mañana, están delante de nosotros la vida y la muerte. Cuando te vas a dormir por la noche con perfectas intenciones de levantarte temprano y comenzar el día con energía, entonces eliges la vida. Pero cuando suena la alarma, inmediatamente se te ocurren muchas buenas razones por las cuales deberías quedarte en cama. Y en el momento en que presionas el botón de snooze, has elegido la muerte. Cuando los deseos físicos vencen a los deseos espirituales, la muerte ha vencido. Si el alma gana, entonces has elegido la vida.

Y si bien puede sonar un poco duro decir que siete minutos extra de sueño son "elegir la muerte", ¡Dios se estaba refiriendo precisamente a eso! Sólo podemos vivir cuando decidimos en base a nuestra alma y hacemos lo que es difícil y correcto, en vez de decidir con nuestro cuerpo y elegir el camino fácil. El hecho es que si tienes que tomar un vuelo muy temprano para comenzar unas excitantes vacaciones, saldrás volando de tu cama y ni siquiera pensaras en razones para quedarte ahí durmiendo.

No existe una sensación más satisfactoria que tomar buenas decisiones. Si decides no comerte aquella segunda porción de pastel, entonces has elegido la vida. Tragártela como un glotón es elegir la muerte. Llamar a alguien para agradecerle por un favor en el pasado es elegir la vida. Convencerte a ti mismo de que es mejor no llamar es elegir la muerte. Hacer ejercicio por la mañana es elegir la vida, utilizar la trotadora para colgar tus chaquetas es elegir la muerte. Dar de tu tiempo y de tu dinero a quien lo necesita es elegir la vida. Dejar pasar esta oportunidad es elegir la muerte.

Básicamente cualquier cosa que requiere esfuerzo y que es difícil de hacer, pero que te hace sentir muy bien si la haces, eso es elegir la vida. Elegir la muerte en cambio es fácil. No crecer y no enfrentar desafíos es fácil. Cualquiera puede hacer eso. La mayoría de nosotros lo hacemos.

Elegimos la muerte una y otra vez. Y después nos preguntamos por qué estamos desmotivados, tristes y sin energía. ¡Es porque no estamos viviendo realmente! En cambio, estamos eligiendo la muerte al distraernos y al tomar malas decisiones.

Utiliza la fuerza que tienes para comenzar a elegir la vida. Dios no nos habría pedido esto si no nos hubiera dado la capacidad de combatir los deseos físicos. Todos hemos sido diseñados para alcanzar la grandeza.

Hemos sido diseñados para vivir. Elige de manera correcta y te sentirás mejor de lo que podrás imaginar. Así como dice Dios "elige la vida, para que vivas". Elige la vida y sabrás lo que significa realmente vivir.