Abraham quería que su siervo, Eliécer, fuera en búsqueda de una esposa para su hijo Isaac. Él le explicó a Eliécer el criterio para encontrar a una mujer que fuera digna de casarse con su hijo. Eliécer debía ir hasta un pozo de agua y debía encontrar una mujer que no sólo le diera de beber a él, sino que también le diera de beber a los camellos, instintivamente, sin que ni siquiera le pidieran.

Eliécer hizo como Abraham le había ordenado y, junto a un pozo, divisó a una mujer llamada Rebeca. Eliécer corrió hacia ella y le pidió un poco de agua. Ella accedió rápidamente y...

"Cuando terminó de darle de beber [a Eliécer], ella dijo, 'Sacaré agua también para tus camellos hasta que ellos terminen de beber' ...Y fue cuando los camellos terminaron de beber que Eliécer sacó un arete de oro, su peso era de una beka, y dos brazaletes para sus brazos..." (Génesis 24:19-32)

Una Lección de Vida

Existe una diferencia muy sutil, pero muy importante, en la manera en que Rebeca dio de beber a Eliécer y a los camellos. Esta diferencia nos enseña un poderoso concepto en relación a los actos de bondad.

Cuando Rebeca dio de beber a Eliécer, ella decidió en qué momento detenerse. Cuando sintió que él ya había bebido suficiente, entonces, ella "terminó de darle de beber". Sin embargo, cuando Rebeca dio de beber a los camellos, ella sólo se detuvo "cuando los camellos terminaron de beber".

Cuando realizamos un acto de bondad proactivamente, usualmente somos nosotros los que determinamos cuánto tiempo dedicaremos a esa buena acción. Esto es porque cuando alguien realiza un gesto amable, esa persona usualmente controla cuánto tiempo dedicará a él. Sin embargo, si tú dejas que el receptor te diga cuándo ha sido suficiente, esa es una experiencia absolutamente diferente.

Por ejemplo, asumamos que tienes un amigo o un familiar con necesidades emocionales especiales que de vez en cuando requiere de mucha atención. Escuchar a esta persona hablar indefinidamente puede ser la alternativa correcta. Pero como generalmente esta persona nunca pone fin a la conversación, usualmente la escuchas hasta que "has terminado de darle de beber" y luego educadamente pones fin a la conversación. Así es como Rebeca se comportó con Eliécer, y ciertamente esto es un hermoso acto de bondad.

Sin embargo, si de vez en cuando compartes y escuchas a esta persona hasta que ella termine la conversación y "termine de beber", entonces, eso será un acto de bondad monumentalmente mayor, así como Rebeca hizo con los camellos.

Cuando realizamos un acto de bondad usualmente sentimos una sensación subconsciente de que "tenemos derecho" a poner fin a nuestro flujo de generosidad cuando lo estimemos conveniente. El hecho de dar hasta que el receptor diga "basta" va en contra de nuestra naturaleza. Pero hay ocasiones en las que eso es exactamente lo que Dios quiere de nosotros.