Dios instruye al pueblo judío acerca de los sacrificios específicos que una mujer necesita llevar después del parto para purificarse. Después de un cierto número de días:

"Al término de su [período de] pureza... ella deberá ofrecer una oveja... Pero si no puede costear una oveja, entonces tomará dos tórtolas o dos palomas jóvenes... y se purificará". (Levítico 12:6-8)


Una Lección de Vida

Una purificación espiritual idéntica ocurre si una mujer lleva una oveja o sólo dos tórtolas o dos palomas. La Torá enseña una gran lección. Una persona tiene que dar -u ofrecer- de acuerdo a sus posibilidades. Cuando lo hace de esta manera, el proceso de purificación es exactamente el mismo.

Puesto que Dios es el único que puede ofrecer expiación espiritual por los pecados de alguien, así mismo, Él estableció un sistema en el cual Él decide a través de qué cosa una persona se puede “limpiar” de su contaminación. Cuando una mujer ofrece un animal en base a su capacidad financiera, entonces se produce un proceso de limpieza. Si ella ofrece menos de lo que es capaz de dar, no se produce. Y lo mismo se puede decir de una persona que realiza un acto de bondad.

Por ejemplo, si alguien es muy rico y dona millones de dólares a caridad, esto es ciertamente un acto maravilloso. Ahora bien, comparemos esta persona a alguien que no es tan rico y que sólo puede donar cien dólares. Así como la limpieza espiritual ocurre independientemente de si alguien trae una oveja o una paloma, así mismo, cada persona que da de acuerdo a su capacidad financiera recibe exactamente la misma recompensa espiritual. Cada uno está realizando su máximo esfuerzo por dar de acuerdo a sus medios.

Vivimos en una sociedad donde “más” es mejor. Pero cuando se trata de actos de bondad, no importa la cantidad, lo que importa es nuestra capacidad.

A veces, las circunstancias te impedirán dar en la forma en que realmente deseas dar, y por lo tanto, te aprovecharás de este hecho para no dar nada. Si haces esto, estás perdiendo el punto. No debemos dar en base a nuestros deseos - sino más bien en base a nuestra capacidad. Y cuando honestamente das en base a tu capacidad, tu “recompensa espiritual” es igual a todos los que también dieron en base a su capacidad.

Así que en lugar de estar decepcionado, la próxima vez que no puedas dar de la manera que quieres, entiende que Dios sólo quiere que des en base a tu capacidad. Y cuando reconozcas y vivas esta verdad, entonces, siempre serás capaz de dar con una actitud de “mil millones de dólares”.