En la parashá de esta semana, Dios le da al pueblo judío ciertas leyes para que vivan una vida con más sentido. Una de estas leyes es:

“Te levantarás ante la presencia de un anciano...” (Lev. 19:32)

Una Lección de Vida

Levantarse ante la presencia de cualquier persona es ciertamente una señal de reverencia y respeto. Entonces, ¿por qué Dios estipula que precisamente una persona “anciana” debe ser reverenciada?

Quizás porque no hay nada en el mundo que se compare a la “experiencia”. A medida que una persona envejece, atraviesa distintos tipos de experiencias que ni todo el dinero del mundo pueden comprar.

Tu cerebro registra todas las experiencias. Hay literalmente billones de datos almacenados en tu cerebro - todo lo que has visto, olido, y escuchado. Esta es la razón por la cual podrías reconocer instantáneamente a una persona en la calle a pesar de que no la hubieras visto en más de diez años. De hecho, no sólo la reconocerías, ¡sino que también serías capaz de notar si ha aumentado de peso o no!

Lo que debemos entender es que todas las decisiones que tomamos están basadas en nuestras experiencias de vida previas. Por lo tanto, una persona anciana - no importa quién sea o qué haya hecho con su vida - siempre tendrá más experiencias de vida sobre las cuales basar sus decisiones, opiniones y acciones.

Ciertamente esto no significa que las personas mayores siempre saben la respuesta correcta o que siempre pueden dar el mejor consejo. Sin embargo, las personas mayores tienen algo que una persona joven simplemente no tiene: La perspectiva y las poderosas ideas que los años de vida en este mundo le han dado.

Dios quiere que recordemos en todo momento cuán valiosas pueden ser las observaciones y los consejos de una persona mayor. Son tan valiosas, que de hecho, cuando estás ante la presencia de una persona anciana, debes levantarte. E incluso si por alguna razón no te pones de pie, no agraves la situación desechando sus palabras. Sus consejos pueden darte la perspectiva fresca que has estado buscando.