Mientras vivían en el Jardín del Edén, Dios le dijo a Adán y Eva que podían comer y disfrutar de todo lo que había allí. Sólo debían abstenerse de comer del “Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal”. Una serpiente vino y tentó a Eva para que comiera del árbol. Después de que comió del árbol, ella le dio a probar también a Adán. Cuando Dios enfrentó a Adán y Eva por la flagrante transgresión…

“El hombre dijo, ‘La mujer que Tú me diste, ella me dio de comer del árbol y yo comí’. Y la mujer dijo, ‘La serpiente me engañó, y yo comí’”. (Génesis 3:12-13)

Una Lección de Vida

Cuando las personas hacen algo malo, usualmente reaccionan instintivamente ya sea defendiéndose a sí mismas o culpando a otras personas o a las circunstancias por lo que hicieron.

Por eso cuando Dios le preguntó a Adán por qué comió del árbol, lo primero que hizo Adán fue ponerse a la defensiva, diciendo que comió del árbol por culpa de ‘La mujer que Tú me diste’… De acuerdo a Adán, el pecado no fue un resultado de sus propias decisiones; sino que fue producto de lo que Dios hizo.

Y cuando Eva fue confrontada por sus acciones, ella también se rehusó a tomar responsabilidad por sus decisiones de libre albedrío, y en cambio dijo ‘La serpiente me engañó’… Adán y Eva fueron castigados no sólo por no escuchar las instrucciones de Dios, sino que por acusar inmediatamente a otros y no tomar responsabilidad por sus acciones.

Siempre es más fácil, más conveniente y mucho menos humillante, culpar a otras personas, circunstancias, o a la sociedad por cualquier decisión o acción negativa o destructiva que hagamos. Pero claramente, esto no es lo que Dios quiere. En cambio, Él desea que nosotros tomemos personalmente completa y total responsabilidad por las cosas que hacemos.

La razón de esto es que no hay nada más poderoso y liberador que asumir personalmente responsabilidad por nuestras acciones. Esto es algo que cambia tu vida porque ahora tienes el poder de “elegir y ser” en lugar de estar atrapado en el “juego de la culpa”. Tienes el poder de elegir entre lo correcto y lo errado, entre el bien y el mal, entre la acción y la inacción. Nunca más serás víctima de las circunstancias, sino que te convertirás en un tomador de decisiones proactivo que –a través de tomar las decisiones correctas- se regenera nuevamente todos los días.

Esto no es fácil de hacer porque declarar inmediatamente “yo estaba equivocado” es algo que va en contra de nuestra naturaleza. Pero cuando realmente puedes reconocer y admitir que tú –y sólo tú- eres responsable de tus acciones –y no los demás o las circunstancias- entonces habrás tomado completa responsabilidad y control de tu vida. Y cuando tomas completa responsabilidad por las cosas que haces, entonces has recobrado de vuelta tu vida y con la ayuda de Dios podrás hacer y ser cualquier cosa que hayas soñado.