En la parashá de esta semana Dios le dice a Moisés:

Ordena a los hijos de Israel que deben expulsar del campamento a todo el que tenga tzaraat…” (Números 5:1).

Una Lección de Vida

Dios les instruyó a todos los judíos que si alguien tenía tzaraat – que es definida como lepra o enfermedad de la piel – necesitaba vivir alejado del resto de las personas temporalmente.

Para entender el por qué, primero es importante saber exactamente qué es lo que causaba el tzaraat. Esta enfermedad de la piel aparecía en los que habían hablado un chisme de otra persona. Cuando los judíos vivían en Israel, durante los tiempos en que teníamos el Sagrado Templo, una persona que calumniaba a otra podía verse afectada por este padecimiento.

Tal vez, la razón por la cual la persona con tzaraat necesitaba ser separada de los demás viene de que al ser humano, en realidad, no le gusta asumir responsabilidad por sus errores. Déjenme explicar. Nadie quiere ser considerado una mala persona ni alguien que calumnia a los demás. Entonces, en un esfuerzo por evitar esto, la mayoría de la gente simplemente elige racionalizar su comportamiento para justificarlo. Nuestro razonamiento tiende a ser así: Sí, hice eso... pero no es lo que parece.

Quizás esa es la razón por la que Dios quería que la persona se alejara hasta que su tzaraat fuera curado. Esto era para evitar que la persona cometiera pecados adicionales, repitiendo su calumnia en un esfuerzo por demostrar por qué en realidad no había sido un chisme.

Y esta es la lección para todos nosotros. Todos tenemos, en ocasiones, la tentación de tratar de justificar nuestro comportamiento erróneo. La próxima vez que le hagas algo a alguien que no deberías haber hecho, trata de resistir el impulso de hacerle creer a todos que en realidad no hiciste nada malo. En cambio, hazte responsable de tu acción. Esto no sólo te hará sentir bien, sino que también actuará como un escudo poderoso en contra de empeorar tu error inicial.