En la parashá de esta semana, Dios instruye a los propietarios de campos:

"Cuando coseches la cosecha de tu tierra, no debes sacar... las esquinas de tu campo... Para los pobres... deberás dejarlas..." (Lev. 23:23)

Una Lección de Vida

Dios le dice al pueblo judío que deben dejar un rincón de sus campos sin cosechar para que los pobres puedan venir y tomar de él. Dios no les ordena dar de sus cosechas a los pobres, sino que deben dejar para ellos algunos de sus cultivos. La diferencia, aunque aparentemente insignificante, es en realidad bastante poderosa.

Cuando alguien necesitado tiene que tomar de otra persona, esto no sólo requiere de mucho valor por parte del receptor, sino que también puede ser una situación bastante embarazosa. Dios nos creó a todos de manera tal que experimentamos un inmenso sentimiento de placer cuando somos capaces de ser autosuficientes.

Hay momentos en los que todos necesitamos ayuda de uno u otro tipo. Pero el intenso deseo de no ser completamente dependientes de otros para cubrir nuestras necesidades básicas es innato dentro de todos nosotros.

Y por esta razón, para que el receptor no sienta vergüenza, Dios le ordena al dueño del campo dejar los cultivos sin cosechar. De esta manera, tal vez en el medio de la noche, la persona necesitada puede tomarlos sin experimentar ningún tipo de vergüenza. El hecho de recoger los cultivos sin ser visto, es un esfuerzo por disminuir el dolor emocional que siente el receptor al saber que en este momento de su vida depende de otra persona para satisfacer sus necesidades básicas.

Pero, ¿qué pasa si tú no tienes un campo en el que puedas abandonar tus cultivos antes de ser cosechados? Hoy en día, la mayoría de las personas no son agricultoras, sin embargo la Torá sigue siendo una guía de instrucciones para la vida también en los tiempos modernos. Entonces, ¿qué lección puedes aprender de aquí?

Quizás puedes aprender que a veces debes dar a los demás sin dejar que ellos u otras personas se enteren que fuiste tú quien dio. El hecho de dar de forma anónima, demuestra claramente que tus motivos son totalmente generosos y que no buscas nada a cambio de ayudar a alguien en necesidad.

Cuanto más puedas dar sin que el receptor se entere, más estarás dando por las razones correctas. Todo será sobre él y no sobre ti. No será por el bien de una recompensa, honor, o para ver tú nombre colgado en la pared. Más bien, estarás dando porque Dios simplemente "decidió" que en este momento tú eres el que debe dar, y el otro es el que debe recibir. Eres simplemente "el intermediario de Dios", dejándole a los demás un poco de lo que Dios tan generosamente te dio a ti.

Dar de esta manera, no sólo asegura que el destinatario no experimentará vergüenza, sino que además te conecta con la única y verdadera fuente de todas tus pertenencias. Y al hacer esto, te preparas para recibir la bendición de Dios de seguir siendo siempre un "agente" que tiene la posibilidad de dar.