Mientras el pueblo judío estuvo en el desierto, Dios los censó varias veces. En uno de los censos que aparece en nuestra parashá de la semana, Dios le dijo a Moisés que tomara primero un representante de cada tribu. Dios dijo a Moisés:

                "Y contigo será un hombre de cada tribu, un hombre que sea un líder..." (Números 1:4)

Una Lección de Vida

Cada tribu tenía un solo líder. Y aunque ciertamente había muchas personas calificadas para "manejar" a los demás, sólo había un líder entre todo el grupo. ¿Cuál es la diferencia entre alguien que es capaz de manejar a los demás en lugar de uno que los puede liderar?

La primera cosa que debemos entender es que la razón por la cual un líder es una "especie tan rara", es que el hecho de convertirse en líder nunca es una decisión unilateral. Un líder requiere el consentimiento de aquellos a quienes desea liderar. Un líder es un líder sólo si otros deciden seguirlo. Si ellos no desean seguirlo - o lo hacen en contra de su voluntad - entonces estas personas están siendo manejadas y no lideradas.

Esta distinción, una vez entendida, puede generar un impacto muy positivo en nuestra vida diaria. De alguna manera, todos deseamos marcar una diferencia y cambiar al mundo. Pensar que esto es algo que se puede lograr de forma independiente, sin el consentimiento de los demás, es una tontería. Para lograr un cambio verdadero y duradero, siempre se requiere el consentimiento, la voluntad y el deseo de los demás de seguir a un líder para llevar a cabo una misión más grande.

La clave para que otras personas te sigan con entusiasmo es primero comprometerlos con tu proyecto o idea. (Y recuerda, antes de que otros crean en alguna cosa, tú tienes que creerlo primero). Una vez que exista una causa con la que estés completamente comprometido, entonces, naturalmente irradiarás un entusiasmo enorme. Y tu energía incansable, junto con un plan para el éxito, atraerán multitudes de seguidores a tu causa.

La última clave para el éxito es nunca olvidar mantener la misión como el objetivo principal y único - y no hacer que todo se trate de tu propio ego o de transformarte el centro de atención. Si puedes hacer esto, tendrás un gran número de personas que creerán en tu causa y se unirán a ella, y de esta manera, tendrás una legítima oportunidad de dirigirlos a todos ellos a la Tierra Prometida.