Mientras el pueblo judío estuvo en el desierto, Dios les dio de comer "maná del cielo". No sólo que este alimento no requería ningún tipo de esfuerzo para ser obtenido y estaba disponible en abundancia, sino que además, los sabios nos dicen que tenía exactamente el sabor que los judíos querían que tuviera.

No obstante todo esto, los judíos se quejaron y dijeron:

"¿Quién nos dará de comer carne? Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto... pero ahora... no tenemos nada excepto el maná... Y la ira de Dios se encendió en gran medida..."
(Números 11:4-10)

Una Lección de Vida

¿Cómo un grupo de personas que acaban de ser liberadas después de años de esclavitud, que atestiguan milagro tras milagro y que tienen cada una de sus necesidades previstas, pueden arreglárselas para quejarse acerca de nada? La respuesta radica en la extraordinaria forma en la que Dios nos ha "diseñado".

Cuando se trata de nuestros pensamientos diarios - que son los precursores de todas nuestras acciones - Dios nos ha diseñado de una manera fascinante. Nuestras mentes fácil y naturalmente se concentran en lo que nos está faltando. En otras palabras. Nuestras mentes se concentran fácil y naturalmente en lo que no tenemos, y es un esfuerzo real para nosotros pensar en las bendiciones que sí tenemos.

Nuestra mente se puede comparar a un jardín. La tierra producirá todo lo que quieras plantar. Pero... si no plantas nada, no obtendrás ningún cultivo y tendrás maleza creciendo en su lugar. Sin las semillas, la tierra no sólo permanecerá estéril - sino que malas hierbas crecerán en abundancia.

Esta analogía es una verdadera "puerta" para entender por qué la mayoría de la gente camina infeliz y sin absolutamente ningún entusiasmo por la vida. A menos que tomes una decisión consciente de concentrarte en algo positivo, entonces, por defecto, tu mente simple y fácilmente derivará hacia pensamientos negativos e improductivos.

El pueblo judío había recibido todo de Dios - sus vidas, su libertad, y todas sus necesidades físicas eran proveídas con poco o ningún esfuerzo. Pero en lugar de alegría increíble, (concentrándose en lo que tenían), los judíos permitían que sus mentes permanecieran estériles mientras que "naturalmente" se quejaban de todas las cosas que no tenían.

Como no se concentraban en lo que tenían, Dios sabía que no había manera de complacerlos, y la ira de Dios se encendió en gran medida. No existe tal cosa como una "cierta cantidad de bendiciones" que pueden hacer feliz a alguien, si es que decide no pensar en ellas. Todo lo que Dios le dio a los judíos hizo que estuvieran fascinados por un día, y luego, el enfoque de ellos cambió de la euforia a lo que falta. Todo el bienestar del pueblo y su actitud, cambió diametralmente tan pronto como su enfoque cambió.


Imagina que pasas horas cocinando para una persona querida un banquete de diez platos con todas sus comidas preferidas. Mientras dura el banquete, ciertamente te demuestra mucho aprecio. Pero, ¿cómo te sentirías si al día siguiente te llama y se queja porque no había fresas en la parte superior de su pastel? ¿Cuán mal te sentirías? ¿Acaso no hay manera de complacerla? ¿Cuán entusiasmado estarías de cocinar nuevamente un banquete para esta persona? Pero, en cambio... ¿que pasaría si ella apreciara tu banquete y estuviera verdaderamente agradecida por todo lo que hiciste?, ¡ciertamente estarías muy deseoso de hacerlo todo de nuevo!

Y esta es la gran lección para todos nosotros. Para una vida llena de paz y felicidad, es absolutamente necesario tomar tiempo cada día para reflexionar y verdaderamente apreciar las bendiciones que Dios nos envía constantemente. Recuerda, la falta de apreciación y de conciencia es el primer paso hacia la infelicidad.

Tómate el tiempo para agradecerle realmente a "Aquel" que da y da sin cesar, y dejar de concentrarte en las cosas que no tienes. Llena tu jardín mental sólo con pensamientos adecuados y contempla con asombro cómo cada vez tendrás más y más para estar agradecido.