En la parashá de esta semana, Dios le mostró a Moisés la Tierra de Israel y le dijo que no le permitiría liderar al pueblo judío hacia la Tierra. Moisés dijo de inmediato:

"Que Dios... instale un hombre sobre la asamblea... que los lidere... para que la asamblea no sea como un rebaño que no tiene pastor". (Números 27:16-17)

Una Lección de Vida

Cuando Dios le dijo a Moisés que no podría conducir al pueblo judío hacia la Tierra de Israel, su respuesta instintiva no estuvo enfocada en su propio destino, sino más bien en asegurarse de que los judíos tuvieran a alguien que los condujera. Esta es la razón por la cual Moisés fue uno de los grandes líderes que han existido.

La capacidad de enfocarse en las necesidades de los demás cuando las cosas "se tornan difíciles" y no en las necesidades propias, es la verdadera definición de liderazgo. Ser un líder no es sobre el reconocimiento o los elogios que recibes, sino sobre enfocarte constantemente en las necesidades específicas de los que te siguen. Por lo tanto, si por una u otra razón ya no eres capaz de liderarlos, pondrás automáticamente sus temores y preocupaciones como tu enfoque principal.

El mundo está lleno de innumerables casos de líderes que dejaron sus cargos, y así mismo, dejaron de preocuparse por las personas por las cuales efectuaban su trabajo. Esto nos hace pensar si es que alguna vez se preocuparon realmente por ellos. La verdadera cara de un líder se revela cuando él sale de su posición de liderazgo y uno puede ver si aún se preocupa por todas las personas que creyeron en él, en su visión y en sus sueños.

El poderoso mensaje que Moisés nos enseñó a todos es que debemos luchar contra el impulso de tomar las caídas y los descensos personalmente. Seguro que habrá tiempo para pensar en el impacto de cómo estas situaciones nos afectarán personalmente. Pero en aquel momento, tu preocupación debe enfocarse en los que confiaban en ti.

No te equivoques, el hecho de enfocarse en los demás cuando tu ego, tu autoestima, y tu valor propio están en juego, sin duda requiere de mucha fuerza interna. Pero es precisamente esta reacción la que marca la diferencia entre un buen líder y un gran líder.