El primer servicio de cada día en el Templo Sagrado era trumat hadéshen, la remoción de las cenizas. Un cohen tomaba una pala y quitaba las cenizas del altar. No parece una actividad muy emocionante; es curioso que se la considerara un servicio Divino.

Los versículos explican que el cohen debía cambiarse la ropa, y entonces “sacará las cenizas a las afueras del campamento” (Levítico 6:3-4). ¿Por qué el cohen necesitaba ropas especiales para la tarea potencialmente sucia de remover las cenizas? ¿Acaso esto no es semejante a sacar la basura? ¿Tú tienes ropa especial para sacar la basura?

Por supuesto, antes de llevar una nueva ofrenda al altar era necesario quitar las cenizas. Pero… ¿por qué ese acto no era un simple acto simbólico? ¿Por qué era un servicio especial?

Esto me recuerda algo que está escrito en una obra de cabalá llamada La palmera de Deborá, de Rav Moshé Cordovero (1522-1570), que habla sobre el mandamiento de imitar a Dios. El autor equipara cambiar el pañal de un bebé a la benevolencia de Dios cuando Él limpia nuestras malas acciones.

En una o dos líneas, el cabalista elevó una de las tareas mundanas menos agradables al más sublime de los actos místicos. ¿Cuántos padres, hermanos y niñeras cambian un pañal sucio en este mismo momento y se pierden la oportunidad de disfrutar de una experiencia espiritual?

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UN TEMPLO EN MINIATURA

Si hoy sacas la basura, puedes pensar en muchas cosas. Puedes tratar de ignorar la desagradable actividad y pensar en cualquier cosa que desees. Puedes pensar que es una tarea desagradable y que desearías no tener que hacerla. Puedes pensar que tu compañero de cuarto debería hacerlo en tu lugar.

O puedes pensar en la bendición que tienes de tener cosas que generan basura. La gente pobre tiene mucha menos basura. Tú tienes sobras de alimentos, bolsas y envoltorios de compras, recipientes vacíos de alimentos, tales como botellas, latas y frascos… Todo debido a que tienes suficiente riqueza como para comprar las cosas que vienen en su interior.

Puedes pensar que sacar la basura hace que la casa esté más limpia, que sea más placentero y respetable vivir en ella.

Puedes pensar en la gratitud que sientes por tener la capacidad física de sacar la basura.

Puedes pensar que tal como Dios limpia la “basura” del mundo (es decir, nuestras transgresiones y sus consecuencias), al hacer esta tarea tú imitas el atributo de bondad de Dios.

Con estos pensamientos, transformas un acto mundano y no sagrado en una bendición. Conviertes al mundo físico en un mundo espiritual.

Ahora podemos entender por qué la Torá le otorga tanta importancia a la remoción de las cenizas del altar. No se trata de un acto mundano, sino sagrado. No sólo eso, sino que es un ejemplo de la forma en que debemos transformar lo mundano en sagrado.

Tu hogar puede transformarse en un Templo en miniatura. Tú puedes convertirte en el cohen, y tu basura puede ser como las cenizas del altar.

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LA SANTIDAD COTIDIANA

Si lo piensas, pasamos la mayor parte de nuestra vida ocupados en actividades mundanas”. Dedicamos mucho tiempo a comer, dormir, ir al baño, cargar combustible al auto, vestirnos, desvestirnos, bañarnos, etc. Dedicamos una cantidad de tiempo increíble para actividades mundanas. ¿Por qué Dios diseñó un mundo en el que se pasa tanto tiempo en actividades aparentemente insignificantes? ¿Acaso Él no desea que seamos sagrados?

Algunos pueden tratar de ser sagrados al buscar una cueva en la que puedan pasar todo su tiempo en rezos y meditaciones. Quizás no sea una mala idea, pero con certeza no parece ser la intención del Creador.

Es más difícil estar en el mundo e intentar elevarlo al interactuar en sus propios términos. Este es el desafío de la vida y la forma en que fue diseñado el universo.

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Ejercicio espiritual:

Elige una actividad que haces cada día o cada semana y trata de descubrir pensamientos elevados que puedes tener en mente al realizarla.