La sección final de la Torá contiene una lista de bendiciones. En su comienzo, también hay bendiciones. De principio a fin, la Torá es para nuestro beneficio y el de toda la humanidad.

Dios es Infinito y no necesita nada. Es perfecto en todo aspecto y no carece de absolutamente nada. Entonces, por definición, la creación no es para Dios en ningún sentido, sino para nosotros.

TORÁ = PLACER

“Los caminos de la Torá siempre son placenteros” (derajea darjei noam). Todo lo que la Torá nos instruye (cómo ser buenos, cómo ser santos, etc.) es placentero. Nuestra naturaleza física nos lleva a imaginar que los principios de la Torá son difíciles de alcanzar. ¿Cómo podría evitar violar todos los mandamientos negativos? ¿Por qué tiene que ser tan estricta?

Los principios que nos exigen autocontrol son meramente extensiones de nuestra conciencia. Después de todo, la mayoría de las sociedades más iluminadas tienen leyes. La pregunta es el grado al que llevamos los principios: qué tan lejos llevamos las ideas de robar, mentir, etc. Y las leyes de kashrut son mucho menos estrictas que cualquiera de las miles de dietas a las que millones de personas se someten cada año.

¿Quién decide?

La principal dificultad que presenta vivir de acuerdo a los principios de la Torá es la sensación de que ‘nos digan lo que tenemos que hacer’. Por naturaleza somos rebeldes y no queremos que ninguna autoridad nos diga lo que tenemos que hacer. Pero Dios no nos ‘fuerza’, solamente nos ‘ordena’ un grupo de comportamientos que son sumamente buenos para nosotros. Dios nos dio libre albedrío, lo que nos permite conservar nuestra independencia.

Si advirtiéramos lo mucho que Dios nos ama y que sólo quiere lo mejor para nosotros, correríamos para cumplir su voluntad en todo momento. Es como si estuviera diciendo: "Te ordeno que disfrutes de este mundo y del próximo tanto como puedas".

Un mandamiento es amar a la humanidad. Cuanto más amas a los demás, más placer obtienes de este mundo. ¡Hay miles de millones de personas a las que amar!

El amor es uno de los placeres emocionales más grandes de la vida. Amamos amar, pero es difícil hacerlo.

EL OBJETIVO ES LA ARMONÍA

“Todos los caminos de la Torá son paz” (vejol netivotea shalom). Cuando desobedecemos las leyes, no estamos en armonía con el mundo, con las otras personas y con nosotros mismos. En ocasiones, la armonía y el balance son obvios, mientras que en otras sutiles. Comer en demasía lleva a la obesidad. Claramente, una persona con mucho sobrepeso no está balanceada. Y con esa falta de balance vienen muchos problemas de salud que la obesidad puede causar.

Cuando el huracán Katrina golpeó Nueva Orleáns en 2005, si bien muchos geólogos habían predicho el escenario de un huracán, el rebalse de una represa y la posterior inundación, fue un desequilibrio muy sutil que ocurrió con el pasar de los años, y que la mayoría de las personas ignoró por completo

Una dieta no saludable y la falta de ejercicio pueden producir problemas de salud más sutiles, como colesterol alto y anemia.

De la misma manera, debemos ser conscientes de nuestra alma en todos los niveles. Y algunos niveles del alma son más sutiles que otros.

Para estar en completa armonía con nuestra alma, necesitamos los principios de la Torá. Sin ellos, podemos estar equivocados en muchas cosas.

Pregúntale a una persona promedio:

―¿Eres una buena persona?

―Sí― responderá sin dudas.

―¿Cómo sabes?

―Trato de ser una persona decente. No lastimo a nadie intencionalmente. Soy un ciudadano ejemplar.

―¿Sabes que en todo el mundo hay dictadores malvados, y que un tercio de la población mundial sufre guerras y hambruna? ¿Qué haces para solucionar esos problemas?

―Bueno, si pudiera hacer algo lo haría, pero no estoy en posición de ayudar.

―¿Rezas al menos por ellos todos los días?

Si no estamos al menos rezando por esas personas que sufren en todo el mundo, no estamos en armonía con el mundo. Las personas sufren y nosotros simplemente seguimos con nuestra vida.

SÍMBOLO DE ARMONÍA

Yaakov, en muchos aspectos, fue el paradigma de la armonía. Pudo cerrar la brecha entre Abraham e Itzjak. Pudo luchar contra fuerzas opuestas como Laván y Esav, y salir entero. Toda su vida fue resolución de conflictos. Y su sabiduría lo hizo triunfar.

Yaakov, el que “moraba en tiendas”, se dedicó al estudio de la voluntad de Dios. Fue a la casa de estudio de Shem y Éver, y estudió con Abraham y con Itzjak.

La sabiduría devuelve todo a la armonía. La sabiduría nos da esperanza y entendimiento para lidiar con los problemas de la vida. La sabiduría nos enseña a volver a estar en armonía con el mundo y a volver a estar en contacto con nuestra faceta espiritual.

De principio a fin, la Torá es toda bendición. Y el final sólo nos devuelve al comienzo, para leer todo nuevamente. La última letra de la Torá es la lamed y la primera una bet. Juntas, deletrean lev, ‘corazón’. Sólo podemos aprovechar la Torá al máximo si está en nuestro corazón, si es parte de nuestro ser. Y dado que la última letra está conectada a la primera, vemos que la Torá no es sólo un libro que se lee una sola vez, sino que se la lee una y otra vez. No termina, sino que es un ciclo que debe repetirse.

Ejercicio espiritual:

Identifica uno de los muchos conflictos de tu vida. Pregúntate si hay algún evento o enseñanza de la Torá que se relacione con ese desafío. Pregúntale a un rabino. Estudia la enseñanza.