En la parashá de esta semana la Torá nos enseña sobre el amor al prójimo: “No andarás de chismoso entre tu pueblo, no te quedarás quieto ante la sangre de tu prójimo… No odiarás a tu hermano en tu corazón… No te vengarás y no guardarás rencor…” (Levítico 19:16-18).

A continuación, la Torá presenta una lista de relaciones prohibidas (adulterio, incesto, zoofilia). El título de esta sección es Kedoshim, Sagrados. ¿De qué manera la orden de “no tendrás sexo con un animal” es un camino a la santidad?

Cada aspecto de la vida contiene desafíos en diferentes áreas de restricción y contención. Mientras que no hacer algo tan burdo como la zoofilia para la mayoría es algo sencillo, a veces hay personas que desean hacer algo incorrecto. Pero esta prohibición es un mensaje para todos: usa la mente para dirigir y controlar tus impulsos naturales. Esta es la esencia del comportamiento sagrado.

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LA CONTENCIÓN

Si bien la sociedad entiende el concepto de restringirse y contenerse en dietas o abuso de sustancias peligrosas, la contención en general no es vista con buenos ojos.

En los años 60 el lema era ser libres y desinhibidos. No tenemos una predisposición natural hacia la contención. Sin embargo, es una cualidad crucial para el crecimiento espiritual.

Contenemos el impulso a comer al prestar atención a la cantidad de alimento que consumimos y tratar de mantener una dieta balanceada. Contenemos los impulsos sexuales con el matrimonio y al comprometernos a tener una sola pareja. Controlamos nuestra ira al tratar de relajarnos si existe el riesgo de terminar en una pelea, con una nariz rota o una noche en prisión. Contenemos el impulso a gastar dinero al planificar un presupuesto para las necesidades de la vida. Nos contenemos en los negocios al comportarnos con honestidad.

Cada área de placer requiere restricción; de lo contrario terminaremos con muchos problemas, mala salud, relaciones conflictivas y grandes deudas.

La santidad verdadera no es resultado de la negación de los placeres ni tampoco de entregarnos a ellos, sino del camino medio de una contención planificada. No tenemos que ser ermitaños; tenemos que disfrutar de todas las partes maravillosas de la vida. Ese es el desafío: ser parte de este mundo hermoso, disfrutar de los placeres y continuar conectados a Dios.

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TU VERDADERO SER

Además, siempre que ejercemos control y contención sobre nuestros impulsos naturales sentimos orgullo y logro. Todo el que logró mantener una dieta sabe la sensación de poder que eso otorga. Expresar fortaleza interior nos hace sentir que estamos al mando de nosotros mismos. Cuando no podemos controlarnos, se dañan nuestro ego y nuestra autoestima.

El hecho de que lograr contenerse sea placentero indica que en esencia somos un alma y no un cuerpo. El impulso a hacer algo con lo que no estamos de acuerdo no es nuestra verdadera naturaleza. Es algo que pertenece al cuerpo que alberga el alma, pero no es tu yo verdadero. Dentro de tu mente y de tu corazón, hay un lugar en donde se encuentra la brújula moral que define tus valores y tus convicciones reales.

Ese lugar es tu verdadero yo, y quiere estar al mando. Cuanto más control tiene, más afín es tu vida a tu verdadero ser. Cuanto más se expresa tu verdadero ser, más poder tiene tu alma. Cuanto más poder tiene tu alma, hay mayor santidad y unión con Dios, Quien tiene absolutamente todo el poder.

La santidad es algo sutil que a menudo pasa desapercibido. El mundo material nos distrae. Cuando encuentres un poco de santidad, aférrate a ella y cultívala para que crezca.

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Ejercicio espiritual:

Haz una lista de las veces en que lograste contener un impulso natural y te sentiste bien por ello. Elige un área de tu vida en la que te gustaría tener más santidad. Pregúntate en qué puedes restringirte un poco para mejorar en ella.