Itró es una de las personalidades más interesantes de la Torá y, aun así, se habla muy poco de él. No pondríamos su foto en el salón de nuestra casa, tampoco es el padre de una tribu. Es el suegro de Moshé, quien simplemente se desvaneció en la oscuridad.

Muy probablemente, la razón de la caída de su notoriedad sea que, después de incorporarse a la nación de Israel, sólo permaneció con ellos durante un año.

En un principio, después de oír los eventos de la salida de Egipto, Itró viajó para visitar a los israelitas. Él estaba tan impresionado que se convirtió al judaísmo.

Entendió los eventos que habían ocurrido entre los egipcios y los israelitas de una forma diferente a la mayoría de las personas que vivieron en esa época, y vio la necesidad de unirse al pueblo de Israel en lugar de sólo quedarse pasmado y asombrado. Las noticias de varios millones de personas abandonando la esclavitud de Egipto, la partición del mar y otros eventos más, fueron oídas por todas las naciones. Sin embargo, Itró fue el único que se acercó a la nación de Israel.

Y, de todos modos, sólo se quedó un año. Después de absorber la sabiduría de Moshé, decidió que, para alcanzar el objetivo de su vida, debía volver a su ciudad para convertir a sus habitantes a su nuevo estilo de vida. Esta es la razón de su caída en el olvido. Moshé le dijo que se quedara. Él se fue. Desapareció.

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¿A QUIÉN LE IMPORTA?

Si Itró se equivocó al irse y se desvaneció en la oscuridad, ¿por qué esta porción de la Torá lo destaca tan prominentemente? ¿Por qué lleva esta porción, quizás la más importante de toda la Torá —por contener los famosos Diez Mandamientos— el nombre de alguien que cometió el grave error de abandonar a la nación de Dios? Después de todo, si bien su intención fue noble —dado que quería ayudar a otras personas—igualmente fue un error.

Hay quienes dicen que Itró es muy valorado porque su estatus de converso, yuxtapuesto a los Diez Mandamientos, sirve como recordatorio de que quien nace judío debería sentirse como alguien convertido a la Torá. Todo judío debería tener un inquebrantable compromiso emocional e intelectual al estudio y el cumplimiento de la Torá en el máximo grado que le sea posible.

Sin embargo, hay otro punto. Está escrito que Itró ‘escuchó’ y vino. En hebreo, escuchar se dice shemá, que también significa entender. Itró no sólo escuchó, sino que entendió. Y luego actuó.

Dios no siempre nos dice explícitamente lo que quiere de nosotros. Si lo hiciera, la relación sería rancia y técnica, como si fuera nuestro comandante. Contrario a esto, Dios quiere que lleguemos a un entendimiento más profundo de lo que Él espera de nosotros. Quiere que profundicemos en los mandamientos, que entendamos los principios que los motivan.

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PROFUNDIZA EN LOS MANDAMIENTOS

Muchas veces, cuando alguien pide algo, en lugar de hacerlo de forma directa sólo alude a lo que desea de la otra persona, porque no se siente cómodo hablándolo de manera frontal. Si uno de mis hijos viene a casa con una bolsa de golosinas por un cumpleaños que tuvo en el colegio, un hermano dirá: "¡Huau! ¿Qué tienes ahí?", que también significa: "Espero que compartas conmigo". Quieren que les ofrezcan, pero no quieren pedir.

Esto pasa entre un jefe y un empleado, en la relación de pareja y en toda otra relación. En una relación, cada persona tiene una razón sutil y diferente para aludir a lo que pide sin ser explícita. Hay quien puede sentirse avergonzado, otro puede poner a prueba la sensibilidad de la pareja.

De la misma forma Dios, con Su sabiduría, no declaró explícitamente todas las cosas que nos hubieran hecho ser personas mejores, más espirituales y más unidas a Él. En cambio, hizo que buena parte dependa de nosotros. Por esta razón, debemos buscar constantemente las pistas que nos indican el curso correcto de acción.

Por ejemplo, Rav Moshé Jaim Luzzatto (en La senda de los rectos) señala que la Torá menciona a una persona llamada nazir, alguien que hace un juramento de abstinencia al vino. Junto a la prohibición del vino, la persona acepta también una prohibición sobre jugo de uva, comer uvas, piel de uvas y otras cosas relacionadas tangencialmente al vino. La conclusión de Rav Luzzatto es que la Torá aludió a una sugerencia: si quieres crecer espiritualmente, debes crear cercos de protección.

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ENTIENDE EL MENSAJE

Itró nos enseñó (en su generación y para toda la eternidad) que Dios alude a caminos de crecimiento espiritual. Si entiendes los mensajes, puedes alcanzar los más altos niveles de iluminación.

Todas las personas del mundo escucharon lo que Itró oyó. Pero no oyeron. Itró oyó, entendió y actuó.

No sólo en tiempos bíblicos, sino también ahora, Dios trata de obtener nuestra atención. Nos envía mensajes a través de los eventos globales, locales e individuales. Como es infinito, ninguna persona ni acción es demasiado pequeña para qué Él se relacione con ella.

Un consejo: asegúrate de mantenerte enfocado en tus mensajes, y no en los mensajes de los demás. ¿Escuchaste alguna vez a alguien decir: "Creo que Dios te está mandando un mensaje"? algunas personas creen saber por qué Dios hace que ciertas cosas le ocurran a otras personas. Sin embargo, los mensajes de Dios son muy personales e individuales. Dios envía mensajes para ti. No trates de entender los mensajes de los demás; hacerlo por lo general es de mal gusto y, a menudo, tu opinión está equivocada.

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Ejercicio espiritual:

Analiza los eventos de esta semana en búsqueda de cosas que te ocurren a ti, a tu comunidad o al mundo y pregúntate si hay en ellos un mensaje Divino para ti.

Observa uno de los Diez Mandamientos y pregúntate si hay un indicio hacia un principio más profundo que Dios quiere transmitirle a la humanidad.