El comienzo de Génesis es la sección más profunda de la Torá y los cabalistas se extienden en su análisis. Su profundidad no tiene fin. Un Ser Infinito le dio a la humanidad un manifiesto, un discurso: la Torá. En ella impregnó toda la sabiduría que debe conocerse.

Dios es parte de cada molécula de la creación, pero Su esencia (por así decirlo) está expresada en la Torá. Dado que Él es infinito, la Torá también lo es. Por supuesto, hay un texto que es finito, pero en la medida que un texto finito puede tener una base conceptual y espiritual que está conectada con lo Infinito, así también es la palabra de Dios hacia nosotros.

Puedes estudiar la Torá desde ahora hasta que mueras, y continuarás aprendiendo a diario nuevas ideas sobre ti mismo, sobre la vida, la espiritualidad y lo Infinito.

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LA IMAGEN DE DIOS

"Y Dios dijo: Hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…" (Génesis 1:26).

Este es uno de los versículos más extraños de la Torá. ¿Cómo podemos decir que la imagen de un ser humano es similar a la de un Ser que no tiene forma? Dios es infinito, no tiene ninguna apariencia ni forma. Nosotros tenemos huesos, carne, venas y órganos internos. Esa es nuestra composición física. ¿Acaso Dios tiene un cuerpo físico? No.

Entonces, ¿a qué se refiere este versículo?

Hay otro versículo que puede arrojar un poco de luz:

“Y Hashem, Dios, formó al hombre del polvo del suelo y sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en alma viviente” (Génesis 2:7).

Los seres humanos son la combinación de un ser físico (polvo del suelo) y un ser espiritual (un alma). El ser físico fue creado a partir de la tierra, del material que Dios ya había puesto en el universo. En contraste, nuestra alma fue "insuflada" por Dios Mismo. En otras palabras, el alma es una parte de Dios, una porción de lo Infinito, por así decirlo.

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¿QUÉ ES EL HOMBRE?

Si observamos el mundo vemos rocas, plantas, animales y seres humanos. ¿Qué diferencia hay entre todos ellos? Todos compartimos clases de materia y moléculas. Sin embargo, las plantas parecen tener una fuerza vital ausente en las rocas. Las plantas viven, crecen y mueren. Los animales tienen una independencia que les falta a las plantas. Los animales piensan, sienten, se comunican y se relacionan. ¿Acaso los seres humanos simplemente son animales más sofisticados?

Nunca vi a una ardilla sentada, con las piernas cruzadas, reflexionando sobre la existencia. No vemos perros que expresen las complejas emociones de los sonetos de Shakespeare. Los perros tienen emociones simples: estoy feliz porque mi amo está en casa; estoy triste porque mi amo me deja en una perrera durante el fin de semana. Aparentemente, los perros no tienen emociones complejas. (En verdad, en una ocasión llamé a un psicólogo de perros para que analizara el lenguaje corporal de mi perro, pero esa es una historia para otro momento).

Si las plantas y los animales tienen una fuerza vital intangible, ¿qué tiene de especial el alma que Dios insufló en el hombre?

Diversos comentaristas dan diferentes explicaciones, pero todos parecen decir esencialmente lo mismo con otras palabras; es decir, distintas facetas del mismo diamante.

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EL ALMA ES EL LIBRE ALBEDRÍO

Ovadia Sforno, un rabino italiano de aproximadamente el año 1500, dijo que nuestra semejanza a Dios es lo que llamamos el "libre albedrío". ¿Qué es el libre albedrío? La capacidad para escoger. No entre un café doble o un capuchino, sino elegir asemejarnos a Dios. Elegir estar cerca de Dios o alejarnos de Él.

Toda la existencia de la humanidad se basa en esta capacidad.

Cuando enfrentas cualquier clase de decisión moral, tu alma debate si acercarse o alejarse de lo Infinito. Si dudas si debes o no devolver el dinero de más que recibiste de vuelto en el supermercado, se activa el libre albedrío.

Tanto si lo sentimos o no, todos nos conectamos constantemente con el libre albedrío. A veces lo advertimos, otras no. A veces pierdes la batalla sin pelear, a veces la ganas sin pelear. A veces hay una lucha, y en ese caso la inclinación a alejarse de Dios pone en acción todo su arsenal.

Si ganas la batalla, es decir, si efectúas la elección correcta, te acercas a Dios y tu frente de batalla avanza. Cuanto más alto es el nivel en el que estás, más importantes son tus elecciones y mayor es el efecto que tienen sobre el resto de la creación.

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Ejercicio espiritual:

En la próxima semana, trata de reconocer por lo menos una batalla que tengas con tu libre albedrío. Escríbela. Piensa en ella. ¿Ganaste? ¿Perdiste?

Si te sensibilizas a las batallas de tu libre albedrío, podrás elevar todas tus actividades diarias.