En la Torá, cada nombre propio tiene un significado. La palabra hebrea para Egipto es Mitzráim, que significa límites. En consecuencia, entendemos que el exilio en Egipto, y el éxodo que le siguió, giraban en torno a límites y restricciones. No podíamos servirle al Creador porque estábamos esclavizados. Estábamos limitados.

El nombre hebreo del segundo libro de la Torá no es Éxodo, sino Shemot, que significa “nombres”. También el nombre limita algo al definir lo que es. Pero esta clase de limitación permite que el objeto desarrolle su potencial. Cuando sabes lo que es una lapicera, puedes aprovecharla al máximo.

Como nación, hasta la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, el pueblo de Israel careció de una definición”. Nuestra existencia carecía de un verdadero objetivo y propósito. Recién cuando fuimos liberados en el plano físico de los límites y las restricciones (Egipto), pudimos recibir nuestro propósito.

Esto no fue sólo un evento histórico, sino también una metáfora para todos los tiempos. Cuando te liberas de las limitaciones que crees tener, puedes alcanzar un objetivo superior.

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LIMITACIONES FÍSICAS

 

Cuando Batia, la hija del faraón, vio al bebé Moshé en el Nilo, supo que no había forma de llegar a él. Quería salvarlo, pero reconoció su limitación. Entonces hizo algo que no tenía sentido: de todas maneras estiró su mano.

El versículo dice algo superfluo: “Envió a su sirvienta para que lo tomara”. En hebreo, la palabra sirvienta también significa “su brazo”. El Midrash dice que el versículo implica que ella envió su brazo. ¿Qué significa esto?

El Midrash explica que cuando Batia hizo el esfuerzo fútil de estirar su brazo para alcanzar un bebé que estaba fuera de su alcance, el brazo se extendió milagrosamente y pudo llegar a él.

En una ocasión previa, Dios hizo salir a Abraham afuera de su tienda, le mostró las estrellas y le pidió que las contara. Luego Dios dijo: “Así serán tus hijos”. ¿Qué le quiso decir? Si lo único que le quiso decir fue, como parece, que Abraham tendría muchos descendientes, ¿para qué lo hizo salir y contar las estrellas?

Rav Nóaj Weinberg explica que cuando Dios le dijo a Abraham que saliera y contara las estrellas, Abraham lo hizo. Comenzó a contar: “una, dos, tres…” Por supuesto, era un esfuerzo fútil. ¡Hay miles de millones de estrellas! Pero si Dios le dijo hacerlo, Abraham lo hizo.

La bendición fue: “Así serán tus hijos”, es decir: tu descendencia será exactamente como tú. Cumplirán la voluntad de Dios, a pesar de que parezca imposible por las limitaciones físicas.

Cuando Abraham lo hizo, Dios le dio la posibilidad de tener un hijo, algo que parecía estar fuera de la capacidad física de Abraham.

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Ejercicio espiritual:

 

Esta semana, busca oportunidades para cuestionar tus aparentes limitaciones físicas. Encuentra una ocasión en la que hacer lo correcto se dificulte por alguna clase de barrera y trata de hacerlo igual. Puede que te sorprendas gratamente.