En el libro de Génesis, la Torá pasa rápidamente a través de miles de años de historia sin entrar en detalles sobre los individuos, hasta que llega a Abraham, Itzjak y Iaakov. Esas tres personas se destacan por su relación especial con Dios.

Con certeza hubo muchas personas especiales en el planeta, muchos otros individuos rectos. Incluso tenemos una tradición respecto a que hubo una casa de estudio dirigida por Shem, el hijo de Nóaj, quien enseñó una forma de monoteísmo ético.

Pero nadie pudo alcanzar un nivel de grandeza espiritual tan elevado como para ser destacado. Esto sólo lo lograron Abraham, Itzjak y Iaakov. Los tres patriarcas forman una unidad, muchas veces llamada una carroza, o la personificación del Infinito en este mundo. Cada uno de ellos representa uno de los pilares que sostienen el mundo.

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Amor, fortaleza, verdad.

Los cabalistas explican que toda nuestra existencia se basa en tres principios que conforman el plano arquitectónico de la creación. Las palabras para esos principios sólo describen una fracción de los mismos, porque es imposible describirlos por medio del lenguaje. Un grupo de palabras utilizadas por los místicos son amor, fortaleza y verdad.

Cada uno de los patriarcas representó una cualidad diferente: Abraham el amor, Itzjak la fortaleza y Iaakov la verdad. Esa cualidad se convirtió en un conducto para el crecimiento espiritual. Sin embargo, los patriarcas no sólo tuvieron una inclinación hacia ese rasgo, sino que lo perfeccionaron hasta unirse por completo a Dios a través del mismo.

Abraham buscó constantemente oportunidades para enseñar y hacer bondad con los demás. La conexión de Itzjak era más interna, con un desarrollo de la fortaleza interior y la conquista de los deseos físicos. Iaakov armonizó ambos rasgos de amor y fortaleza interior y, por medio del estudio de sabiduría, llegó a una verdad que fue el pináculo de los tres rasgos.

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Todos tenemos las tres cualidades

Cada uno tiene estas tres cualidades. Quizás la forma más clara de verlas es conectarlas con los tres deseos fundamentales de la humanidad: 1) el deseo de placer, 2) el deseo de ser bueno y 3) el deseo de entender. Todos queremos estas tres cosas.

Tu deseo de placer puede llevarte a buscar dinero, amor, hijos o a experimentar el placer de hacer cosas buenas por los demás. Tu deseo de ser bueno puede también llevarte a buscar dinero, amor e hijos, porque esas son las cosas que la sociedad valora y te confieren más honor y estima. Tu deseo de verdad puede llevarte en las mismas direcciones, pero por una razón diferente.

Lo que haces en el mundo no es tan importante; lo que importa es cómo y por qué lo haces. Puedes ir en la misma dirección que otra persona y que ella sea feliz y tú seas miserable. Necesitamos saber qué motiva cada una de nuestras acciones. Porque para ser felices y estar satisfechos, necesitamos satisfacer los deseos de nuestra alma, de nuestra esencia.

Todo deseo puede descarriarse. El enamoramiento puede confundirse con el amor. El dinero puede confundirse como un fin en sí mismo y no como un medio. Los hijos pueden considerarse una limitación en lugar de una oportunidad para nutrir.

Si crees que satisfaces los deseos de tu vida pero sientes que te falta algo, lo más probable es que estés satisfaciendo un deseo físico y no un deseo de tu alma.

Un conserje normalmente no es muy valorado por la sociedad. No lo verás en la columna de sociales, ni lo buscarán para honrarlo en una cena. Sin embargo, un conserje tiene tanto acceso a la santidad como cualquier otra persona; con las intenciones correctas puede ayudar a los demás, ser honesto en el trabajo, etc. Un conserje puede ser más exitoso que otras personas que conoces en los aspectos realmente importantes, y lo será para toda la eternidad.

Lo que importa no es lo que haces, sino cómo y por qué lo haces.

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Un deseo del alma.

Si bien todos tenemos esas tres motivaciones fundamentales, en cada individuo una de ellas es dominante. Al igual que Abraham, Itzjak y Iaakov, quienes ejemplificaron una de estas cualidades, todos tenemos un deseo que motiva nuestras principales decisiones y aspiraciones.

Rav Eliahu Dessler (en Mijtav MeEliahu) explica: Puedes ayudar a un extraño porque eso es moralmente correcto, porque te da placer ayudar a los demás o porque hacerlo expresa tu entendimiento de la forma en que debería comportarse un ser humano. Si analizas tus decisiones diarias verás que casi siempre uno de estos impulsos es la raíz de tus decisiones.

El primer paso para cumplir el objetivo de tu vida es identificar cuál de los tres rasgos es la motivación principal de tus decisiones. Como todos tenemos los tres, no siempre es fácil identificarlo. Sin embargo, con un poco de autoconocimiento se puede llegar a la verdad.

Algunas personas me piden que las ayude a encontrar el objetivo de sus vidas. Esto implica que quieren que las ayude a encontrar eso que deben hacer, como ser médico, chef o ama de casa. Pero en verdad eso no importa. Lo que sí importa es cómo y por qué uno hace cualquier cosa que haga.

Con seguridad, deberíamos observar qué cosas disfrutamos hacer y qué talentos tenemos. Esas son las pistas que Dios nos da para descubrir qué es eso que debemos hacer. Pero un médico que no entiende su cualidad (amor, fortaleza o verdad), y no entiende el deseo de su alma dentro de ese rasgo, puede terminar arruinando su vida y la de los demás. Puede comenzar un negocio en Internet y escribir prescripciones falsas para volverse rico con rapidez. No importa si le gusta ser médico ni si es bueno como tal. Está perdiendo el tiempo.

Veamos un ejemplo. ¿Qué experiencia te gustaría tener: A. Una profecía que te haga sentir sumamente elevado y te una al Infinito, B. traer la paz mundial y C. tener toda la sabiduría que existe? A. es placer, B. es bondad y C. es verdad.

Descubrir tu cualidad principal es el comienzo del autoconocimiento.

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Ejercicio espiritual:

Observa los tres deseos principales: el deseo de sentir placer, de ser bueno y de sabiduría. Analiza cuál de ellos te motiva con más fuerza y consistencia. Este es el primer paso para lograr tu propósito en la vida. Esta es tu misión… deberías elegir aceptarla.