Algunos pasajes de la Torá describen castigos severos para quienes no siguen los mandamientos. Desde el comienzo hasta el final, la Torá enfatiza el amor, la compasión, la misericordia y el perdón. Sin embargo, a veces vemos la fuerza del juicio:

Dios te instalará como cabeza y no como rabo; estarás sólo arriba, y no abajo, si escuchas los mandamientos de Hashem tu Dios, que yo les ordeno hoy para guardarlos y realizarlos y no te apartas de todas las palabras que yo les ordeno en este día ni a la derecha ni a la izquierda a fin de andar tras dioses ajenos para servirles.

Pero sucederá que si no escuchas la voz de Hashem tu Dios para guardar y realizar todas Sus mitzvot y todos Sus estatutos que yo te ordeno hoy, entonces todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te darán alcance (Deuteronomio 28:13:15).

¿Por qué las palabras de Dios son tan duras?

ALTRUISMO

Maimónides escribe que hacer lo correcto para recibir una recompensa o porque le temes al castigo, es un nivel bajo de observancia. Debemos aspirar a cumplir la voluntad de Dios porque Él lo desea, porque es la verdad y porque es lo correcto. No por un beneficio personal.

Cualquier cosa que hagamos, sabemos que existe un sistema de castigo y recompensa. (Algunos Sabios dicen que este concepto está impregnado en la psiquis desde el nacimiento). Sin embargo, si nuestra única motivación es la recompensa y el castigo, no estamos sirviendo a Dios sino a nosotros mismos. Nuestra motivación principal debe emanar de nuestra relación con Dios; de lo contrario estaremos haciendo una forma de idolatría, donde nosotros somos los ídolos.

Pirkei Avot (2:4) dice: Haz de Su voluntad tu voluntad”. Para fusionarnos a Dios, tu sintonía constantemente debe incluir Su voluntad. ¿Qué es lo que Él quiere de este mundo? ¿Qué quiere de mi vida?

Otro pasaje de Pirkei Avot (1:3) dice: “No seas como el siervo que sirve a su amo para recibir una recompensa”. Maimónides menciona que servirle a Dios para recibir recompensa es para gente poco inteligente.

Todos reconocemos que si actuamos moralmente en busca de un beneficio propio no somos personas rectas, sino que sólo satisfacemos nuestros deseos. Es posible cumplir todas las mitzvot de la Torá y seguir siendo un malvado. Tu intención de cumplir cada uno de los mandamientos afecta toda la naturaleza de tus logros espirituales. Si tienes las intenciones correctas, haces algo infinitamente bueno. Si tienes intenciones impropias, tus acciones están mancilladas.

LA MOTIVACIÓN

¿Qué ocurre si carecemos de la motivación para cumplir un mandamiento que sabemos que estamos obligados a hacer? ¿Qué ocurre si cuando es hora de despertarse y rezar, tengo ganas de seguir durmiendo? ¿Qué ocurre si cuando el banco comete un error a mi favor, siento deseos de conservar el dinero? Al fin de cuentas, no siempre flotamos entre los ángeles en busca de oportunidades de crecimiento espiritual.

En esos momentos en que no estamos en nuestro mejor estado necesitamos una motivación alternativa. A veces ser sagrados no es una razón suficiente para determinar nuestras acciones.

En esos momentos se vuelve muy útil la realidad de recompensa y castigo. Si no puedes hacer algo por las razones correctas, al menos hazlo por las razones "equivocadas". Si no puedes dar caridad porque te interesa el bienestar de tu prójimo, al menos hazlo para obtener reconocimiento público. Eso es mejor que no hacer nada.

Dios te ama sin importar cuál sea tu motivación. Él desea que tengas éxito. Él quiere que llegues a los niveles más altos que tu alma puede alcanzar. No es "todo o nada". Si no puedes ser perfecto hoy, por lo menos haz lo correcto. Quizás eso te lleve en la dirección correcta.

Ejercicio espiritual:

Observa tus actividades semanales y encuentra algo que no haces y deberías hacer. Recuerda la idea de recompensa y castigo y ve si eso te motiva.