Hace algunos años, un premio de un millón de dólares quedó ahí esperando sin que el ganador lo fuera a reclamar. El Instituto Clay de Matemáticas ofrece un millón de dólares como premio a quien logra solucionar uno de siete grandes problemas matemáticos. Un matemático judío ruso llamado Grigori Perelman, resolvió uno de ellos (conocido como la Conjetura de Poincaré) y subió la resolución a Internet sin explicarla. Al parecer no quiso jugar de acuerdo con las reglas, que exigen que la solución sea explicada y publicada. A pesar de esto el Instituto Clay consideró que merecía el galardón y de todas formas se le otorgó, pero él lo rechazó.

Simplemente no le importaba el dinero ni la fama.

En un curioso episodio relacionado podemos ver que, si bien en ocasiones ofrecer una recompensa ayuda a que un problema sea solucionado, en otros casos, lo obstaculiza.

Inmediatamente después del asesinato del Presidente Lincoln, Estados Unidos ofreció una recompensa a quien hallara al asesino: John Wilkes Booth. Por desgracia, los cazadores del tesoro se dieron entre ellos pistas falsas para entorpecer la búsqueda de los demás, lo cual demoró la captura.

Volvamos a nuestro matemático. ¿Fue la inteligencia lo que llevó a Perelman a solucionar el problema? ¿O, quizás, lo ayudó el hecho de no interesarse en la fanfarria ni en la fama?

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LAS BENDICIONES RECAEN EN LO OCULTO

La espiritualidad no es ni frágil ni etérea. Al igual que el mundo físico, lo espiritual tiene sus propias leyes. Una de esas leyes es que “las bendiciones recaen en lo oculto”. Dios, por así decir, está oculto y no se jacta de Sus logros. Él creó las cosas más increíbles y Su infinitud es inimaginable. Sin embargo, Él no fanfarronea. Cuando imitamos este atributo, somos más poderosos.

Todavía más, un importante principio de la Torá es “no hagas que otra persona tropiece”, ni física ni espiritualmente (Levítico 19:14). Somos cuidadosos de no causar que los demás mientan, roben o chismeen.

Los celos y la envidia también son una trasgresión. Sin embargo, muchas personas alientan la envidia intencionalmente.

Puedes comprar un reloj barato que parezca un Rolex, pero no puedes comprar un Rolex que parezca barato. La mayoría de las personas quieren que sus posesiones generen envidia o admiración. ¿Cuántas personas desean un reloj o un auto que no tiene un diseño impresionante? No lograrían venderlo.

Si alardeas de tus talentos, habilidades y bendiciones para provocar envidia, haces que otras personas tropiecen espiritualmente. Las llevas a transgredir el mandamiento de “no codiciarás”.

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EL MAL DE OJO

Muchas culturas del mundo tienen una idea supersticiosa sobre el “mal de ojo”. Sin embargo, hay una forma de entenderlo compatible con lo que estamos diciendo.

Cuando invitas a los celos, invocas energía negativa de la otra persona. Por esta insensibilidad o trasgresión de tu parte, puedes generar la consecuencia Divina de perder alguna de tus bendiciones (si le das un juguete a un niño y lo usa para golpear a su hermanito, puede que le quites el juguete, ya que no lo usa como tú deseabas).

Otra ley espiritual que describen los cabalistas explica el mal de ojo de esta forma:

Cuando alguien observa tu bendición y piensa: "¿Por qué debe tal persona tener un BMW nuevo? No es tan recto. ¿Por qué Dios lo recompensa?", esto es como si se quejara al Cielo, y la acusación queda registrada. Entonces la Corte Celestial te analiza a ti y a tu bendición para decidir si realmente la mereces. Si no la mereces, puede que la bendición se vea dañada o que la pierdas.

Por supuesto, el acusador no queda inmune, porque la Corte Celestial también decide investigarlo a él. "¿Quién es esta persona que se atreve a juzgar a Mi hijo?", pregunta Dios.

Entonces, generar mal de ojo siempre es una mala idea. Y también es una mala idea exponerse a él.

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CENSO

A partir de esto, podemos entender mejor la prohibición de realizar un censo. En la parashá de esta semana, se realiza un censo contando monedas en lugar de personas “para que no haya una plaga entre ellos”. De aquí aprendemos que está prohibido contar personas. Rashi dice en su comentario que el mal de ojo tiene una influencia especial sobre las cosas que son contadas.

Cuando cuentas personas, las señalas dándole importancia a cada una. Por eso, en la mayoría de los casos, es mejor ser parte de una multitud.

Querer que se reconozcan nuestros logros es algo natural. Nos genera orgullo y placer. Pero nunca olvides cuál es el origen de tu capacidad: Dios. Entonces será menos probable que generes celos, y también es más probable que logres inspirar a los demás.

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Ejercicio espiritual:

Esta semana, planea hacer por lo menos una mitzvá de forma tal que nunca nadie se entere.