Desde un punto de vista práctico, material, la parashá de esta semana comienza con algo que es difícil de entender. Dios libera al pueblo judío después de cientos de años de esclavitud, los guía durante unos días por el desierto y luego hace que los egipcios los persigan para hacerlos regresar.

No parece tener sentido: si acaban de salir, ¿por qué Dios los pone nuevamente en peligro?

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ESPIRITUAL VS. MATERIAL

En ocasiones, la perspectiva espiritual se opone a la material. Muchos sostienen erróneamente que en la vida todo debe ser siempre cómodo y placentero. Cuando no estamos cómodos y tranquilos, creemos que hay un problema: “¿Por qué Dios me hace esto? ¿Por qué a mí?”

La verdad es que si Dios hubiera querido que nuestras vidas fueran cómodas y placenteras, no nos hubiera puesto en este mundo. Si te acuestas en la cama, estás cómodo; pero si permaneces demasiado tiempo en ella, tus músculos se atrofian. El esfuerzo y la lucha aumentan tu fortaleza muscular.

El mensaje es que la vida no debe ser fácil. La vida es para crecer, y para crecer necesitamos esforzarnos. Necesitamos un desafío.

La nación de Israel necesitaba ese desafío específico en ese momento en particular. Ese desafío fue diseñado y moldeado para ayudar a su crecimiento espiritual.

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¿QUÉ HAGO?

Los israelitas estaban en un apuro. Por un lado tenían el Mar de los Juncos, por el otro el bien equipado ejército egipcio. ¿Qué debían hacer? Algunos aconsejaron luchar. Otros rezar. Algunos dijeron que lo indicado era saltar al mar. Otros dijeron que debían rendirse.

Uno pensaría que la respuesta “bíblica” sería rezar. Sin embargo, Dios le dijo a Moshé: “¿Por qué me lloras a Mí? Háblales a los israelitas y diles que partan” (Éxodo 14:15).

Aparentemente cada uno sugirió lo que le resultaba más cómodo de acuerdo con su personalidad o su patrón general de comportamiento. Quien está siempre dispuesto a pelear, cree que esa es la forma de resolver las cosas. Quien siempre reza, cree que esa es la manera de solucionarlas. Como dice mi amigo, Rav Mordejai Rotman: "Cuando eres un martillo, piensas que todo es un clavo".

Para saber exactamente lo que Dios quiere de ti, debes formularte la pregunta con honestidad. Necesitas tener muchos talentos, ya que en base a la situación, deberás ser capaz de luchar, negociar o huir.

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¿QUIÉN SOY?

Dios creó a cada persona con talentos y capacidades increíbles. Cada ser humano es una valiosa joya a la espera de ser tallada y pulida a la perfección. Nuestras vidas atraviesan distintas circunstancias, pero siempre hay lugar para que emerjan nuestros verdaderos talentos. Dios nos guía todo el tiempo.

Sin embargo, para una persona que nació con una inclinación natural para ser cirujana, la cirugía no es un gran desafío. Quizás para ella el gran desafío sea la humildad. Esta es la gloriosa dicotomía de la vida: deberíamos dedicar la vida a aquello que nos resulta fácil y natural. Pero nuestros desafíos y el verdadero crecimiento espiritual surgen de lo que nos resulta difícil.

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UNA VERDADERA PERSONALIDAD DE TORÁ

Cuando estudiamos las personalidades de la Torá, descubrimos una variedad de personas grandiosas. Cada una tuvo una forma única de enfrentar la vida y de relacionarse con Dios. En ocasiones la persona puede preguntarse: “Puedo intentar moldearme para parecerme a tantas personas sagradas. ¿Cuál es la mejor o la más verdadera personalidad de Torá?”

Esta pregunta fue formulada por uno de nuestros grandes sabios: “¿Cuál es la verdadera personalidad de la Torá?” Su respuesta fue: “La que requiera la situación que enfrentas”.

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¿ESTÁS CÓMODO?

Abraham alcanzó la grandeza haciendo actos de bondad, pero su verdadero cambio y crecimiento fueron consecuencia del “sacrificio” de Itzjak, un acto opuesto a su naturaleza de bondad.

De la misma forma, debemos enfocarnos constantemente en lo que podemos lograr y en lo que podemos contribuir al mundo en base a nuestros talentos y habilidades. Sin embargo, al mismo tiempo, debemos estar preparados para abandonar en cualquier momento lo que nos resulta fácil y actuar en contra de nuestro carácter natural cuando enfrentamos una situación que así lo requiere.

Debemos estar dispuestos a hacer lo que nos resulta incómodo.

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Ejercicio espiritual:

Formúlate las siguientes preguntas:

¿Qué valoro de mi personalidad? ¿Eso es algo que me resulta fácil?

¿Cuándo fue la última vez que hice algo que me resultó incómodo porque eso era “hacer lo correcto”?

¿Hay algo que evito hacer, a pesar de que es lo correcto, porque me genera incomodidad?