¿De cuántas formas diferentes crees que se puede entender un mismo versículo de la Torá? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Quince?

La tradición mística dice que hay 70 formas diferentes de entender un mismo versículo o una misma idea expresada en la Torá. Es cierto que en algunos versículos es difícil de imaginar que sea así, pero sobre muchos versículos escribieron una gran cantidad de comentarios.

Por otro lado, si consideramos las diferencias sutiles en la forma en que cada persona lee una misma idea, podemos tener cientos, miles y hasta millones de formas de entender lo mismo.

Al parecer, lo que tradición nos está diciendo es que Dios creó 70 clases diferentes de “mentes”, 70 formas diferentes en que la humanidad puede ver cada cosa.

Una lección importante que aprendemos aquí es reconocer que en el mundo existen personas diferentes con diferentes puntos de vista, y que la forma en que un individuo particular opina sobre un tema no es la única opinión posible. Esto es similar a las facetas de un diamante, que pueden verse desde diferentes ángulos y cada faceta no niega la validez de la otra.

La tradición judía también menciona que en el mundo hay 70 pueblos diferentes, es decir que desde la época de la Torre de Babel hasta la actualidad todo el tiempo existieron 70 grupos diferentes de personas. Por supuesto, las naciones aparecen y desaparecen y los pueblos cambian en todo el mundo. Pero la idea de las 70 naciones enfatiza que las personas de todo el mundo opinan de forma diferente sobre los mismos temas (en Génesis Cap. 10, se menciona que la cantidad de descendientes de Nóaj es 70).

A propósito, dado que estas 70 naciones del mundo no incluyen a la nación de Israel, pareciera que cuando el número 70 se usa de manera simbólica siempre hay un “extra”. Por esa razón, cuando el número 70 aparece en muchos lugares de la Torá, la cantidad expresada en realidad es 71.

Otra idea: Se acostumbra a no contar directamente a las personas. ¿Por qué es problemático contarlas? Porque la unidad de Dios, por así decirlo, fue perturbada por la creación de la ilusión de que existe algo más. Al crear nuestro mundo, Dios también ocultó Su esencia. Por esa razón, el objetivo de la creación es que el ser creado (nosotros) vuelva a esa Unidad. Teniendo esto en cuenta podemos entender que al contar a las personas enfatizamos esa división y separación inherente en el universo, precisamente lo que tratamos de rectificar.

Setenta Sabios

Un ejemplo de nuestra idea es el Gran Sanedrín, el cuerpo gubernamental de los Sabios que fue establecido en el tiempo de Moshé. El Sanedrín estaba compuesto por 70 sabios que Moshé eligió y capacitó. Ellos guiaron y lideraron la nación. Un comentarista bíblico vincula estos dos temas:

El tribunal Celestial está compuesto por los 70 ángeles guardianes de las 70 naciones y es presidido, como si fuera, por Dios Mismo. Siguiendo el modelo del tribunal Celestial, el Sanedrín incluía 70 jueces y en un principio fue presidido por Moshé y luego por sus sucesores, quienes ocuparon el cargo de presidente (nasí). En general, el número 70 representa todos los diferentes aspectos de la mente humana, tal como la especie humana está compuesta por las 70 naciones primarias enumeradas en Génesis 10. Por lo tanto podemos esperar que un cuerpo de 70 sabios considere todas las posibilidades y tome decisiones justas.

Una lección importante que debemos aprender:

La capacidad de ver la realidad desde diferentes ángulos no sólo es crucial en las relaciones, sino también en puestos de guía y liderazgo. Si eres padre, maestro, consejero, gerente, etc., ocupas una posición de liderazgo. Las decisiones que tomas y que afectan a otras personas, requieren la capacidad de entender la perspectiva de los demás.

Los setenta de Iaakov

Cuando Iaakov y sus descendientes descendieron a Egipto, fueron censados. Si prestas atención a los números, verás que suman 69. Sin embargo, el texto dice que el grupo que acompañó a Iaakov estaba compuesto por 70 personas. Parece que hay un problema de cálculo. ¿Quién es esa setentava persona?

Hay quienes dicen que era Iaakov. Otros dicen que una mujer llamada Iojéved (la futura madre de Moshé) nació justo cuando entraron a Egipto. Otros dicen que el setentavo es la Presencia Divina. Y hay quienes dicen que la Torá simplemente redondeó el número.

Hasta este momento en la narrativa bíblica, las personas del mundo siempre estuvieron divididas. En cada generación hubo factores que causaron separación: la Torre de Babel, peleas entre Itzjak e Ishmael, Iaakov y Esav. Ahora, por primera vez, hay una unidad, una nación basada no tanto en la genética o la ubicación, sino más bien en una filosofía de vida, una religión de monoteísmo ético que vive y enseña toda una familia.

En este punto, la nación judía está a punto de verse físicamente absorbida por Egipto. Sorprendentemente, la nación judía dejará el país intacta, como una familia unificada. (Por desgracia, a lo largo de la historia la nación judía continuó con este proceso en casi todos los países del mundo).

En 1989, cuando el Dalai Lama era el líder de una nación que no tenía un país, él acudió a los judíos para pedir consejo. ¿Cómo seguimos dedicados a nuestra forma de vida fuera de nuestra tierra de origen? ¿Cómo sobrevivimos en el exilio?

Este pasaje bíblico puede servir para responder a esta pregunta. La unidad. Unidad no como clones, sino como un grupo que entiende que si bien hay diferentes formas de entender la misma cosa, al mismo tiempo comparten los mismos objetivos y los valores más fundamentales.

Una de las batallas que debemos luchar es el conflicto entre ser un individuo y ser parte de una sociedad. Debemos decidir qué aspectos de la vida son comunales y cuáles son personales. A menudo esas decisiones afectan la fortaleza esencial de la comunidad en la que vivimos.

Ejercicio espiritual

Llama por teléfono a alguien de tu “comunidad” (sin importar qué es lo que esto significa para ti), alguien con quien normalmente no te esforzarías por estar en contacto, sólo para preguntarle cómo está, qué novedades tiene y para desearle que esté bien.