En la parashá de esta semana, Moshé le habla a todo el pueblo sobre su participación en la construcción del Tabernáculo, el precursor del Templo Sagrado de Jerusalem. Moshé reunió a toda la nación, más de tres millones de personas.

¿No hubiese sido más fácil hacer que se corra la voz? ¿Necesitaba una reunión tan formal para algo que era muy simple de entender? Es cierto, el Tabernáculo era fundamental para el contexto socio-espiritual durante la travesía por el desierto. Pero su construcción no era filosófica ni compleja. Quienes tenían habilidad para la construcción lo erigirían, los tejedores tejerían, los carpinteros se encargarían de la madera, etc.

Para la construcción misma sólo eran necesarios unos pocos cientos de trabajadores. Algunas personas transportarían los materiales y administrarían el inventario. Otras donarían los materiales. Pero, con certeza, no era un trabajo para cualquiera. Moshé podría haber hablado solamente con quienes efectuarían las tareas.

La frase “toda la congregaciónse usa tres veces en un texto breve (Éxodo 35:1,4 y 20). Al parecer, era muy importante que el mensaje llegara a todo el pueblo, no sólo a quienes trabajarían directamente para construir el Tabernáculo.

Cuando separas un grupo en subgrupos, en verdad resultan más grupos de los que esperabas. En Éxodo 35:5 se menciona la donación de “todo al que su corazón lo motive”. Otras frases, como “su corazón fue elevado” y “su espíritu fue conmovido” indican diferentes motivaciones para contribuir al proyecto. Los líderes trajeron piedras preciosas, las mujeres joyas para ser fundidas. Los materiales llegaron de todos los segmentos de la población.

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ESPÍRITU COLECTIVO

Lo fundamental es que para construir el Tabernáculo era necesario un espíritu colectivo, porque él debía representar a toda la nación. Sin dudas, los israelitas hubieran podido nombrar delegados o agentes que efectuaran las tareas. En cierta medida los tuvieron: el servicio diario en el Tabernáculo sólo lo hacían los cohanim (sacerdotes). Los cohanim no son una primera clase privilegiada, sino los sirvientes del pueblo para llevar adelante las intenciones de la nación.

El trabajo de la construcción sólo podía ser hecho por unos pocos artesanos. Pero el espíritu y la intención de cada judío fue una importante contribución a la causa común. Incluso cuando es posible que el servicio a Dios sea realizado por otros, es importante que todos contribuyamos a la causa.

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HAZ TU PARTE

Siempre que un grupo de personas se reúne para ocuparse en una causa importante, es importante que hagas tu propia contribución, por más pequeña que sea. No necesariamente para garantizar el éxito del proyecto, sino para contribuir. Hacerlo concretiza tus convicciones y fortalece tus valores. La causa se vuelve parte de ti, y tú te vuelves parte de la causa. Incluso si hay suficientes personas para pegar estampillas y cerrar los sobres, es bueno que tú también pegues algunas.

Luego podrás dormir tranquilo, sabiendo que imprimiste tu marca en algo en lo que crees.

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Ejercicio espiritual:

Envía un dólar a 10 organizaciones de caridad con las que te identificas (asegúrate de que sea una donación anónima, para que no desperdicien un dólar enviándote una carta de agradecimiento y un recibo). Puede que el receptor se ría de la donación, pero tú cambiaste algo en ti mismo para bien.