En el libro de Números, capítulos 5 y 6, encontramos yuxtapuestos dos temas extraños: el nazir y la sotá.

Un nazir es una persona que realiza un voto especial de abstinencia que incluye no consumir vino, jugo de uva ni nada asociado con las uvas. Al final de su período de abstinencia, el nazir lleva una ofrenda y se afeita la cabeza.

Una sotá es una mujer a la que su marido le advirtió no recluirse con un hombre en particular, y luego la vieron hacer exactamente lo que le advirtieron que no haga. Llevan a esta mujer al Templo. Si ella afirma ser inocente, le dan de beber un agua especial y es sometida a un estresante ritual para probar su inocencia.

Si bien los hechos y los detalles de estos eventos bíblicos están más allá del reino del hombre moderno, su esencia se relaciona con un aspecto esencial de la vida que es tan relevante hoy como lo fue siempre. En síntesis: ¿cómo evitamos hacer lo que sabemos que está mal?

A la sotá, sospechosa de adulterio, se le da la oportunidad de limpiar su nombre a través de una ceremonia en el Templo Sagrado. El nazir acepta voluntariamente un período de abstinencia, generalmente de un mes.

La primera fue más alla de los límites de la decencia, el segundo impone límites artificiales más allá de lo requerido.

Incluso si la sotá no es culpable de adulterio, sigue siendo culpable de actuar indecentemente de una manera que genera sospechas. El nazir aparenta ser santo y puro. Sin embargo, ambos llevan una ofrenda relacionada con la trasgresión: un korbán jatat. El Talmud pregunta por qué el nazir debe llevar esa ofrenda. Él no sólo no hizo nada malo, sino que pareciera haber ido más allá de su obligación al realizar un juramento temporal de abstinencia.

El Talmud responde que el nazir, al abstenerse de placeres permitidos, renuncia al hermoso mundo de Dios.

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LA ABSTINENCIA AVIVA EL DESEO DEL CORAZÓN

¿Qué motiva al nazir a tomar un voto de abstinencia? Él sintió que estuvo cerca de cometer una trasgresión. Cuando abrimos los ojos (lo que ocurre de vez en cuando), y vemos a nuestro propio iétzer hará (inclinación causarnos un daño espiritual), tenemos una oportunidad para hacer algo al respecto. Después de eso, regresamos al status quo y ya no reconocemos nuestros propios defectos. Nos supera un momento de cordura temporal. Si no lo aprovechamos, lo perdemos.

Rav Tzadok HaCohén (Polonia, 1823-1900) dice que la nación de Israel fue sacada de Egipto con gran apuro para enseñarnos que, a veces, debemos saltar hacia las oportunidades espirituales. Incluso cuando esa oportunidad involucra algo negativo, como la abstinencia del nazir que es algo que Dios rechaza, vale la pena hacerlo si eso le permite superar un rasgo negativo.

La sotá nos recuerda que en ocasiones (como en los actos de adulterio), las personas pueden actuar mal impulsivamente. Para protegernos del impulso, debemos asegurarnos de no estar en un entorno que aliente esos impulsos. Tenemos que pensar en los cercos propios que a veces debemos construir.

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EXTREMISMO TEMPORAL

Hay dos libros sobre el desarrollo de la personalidad que son considerados clásicos judíos: Las obligaciones del corazón (siglo XI, Rav Bejaie Ibn Pakuda, escrito originalmente en árabe) y La senda de los rectos (escrito en 1740 por Rav Moshé Jaim Luzzatto). Ambos libros consideran a la abstinencia como un paso legítimo y fundamental en el crecimiento espiritual. Si bien como filosofía de vida la abstinencia se opone a la voluntad de Dios, es algo loable como un medio para conquistar un deseo interior. Es difícil vivir en el mundo, estar casado, tener hijos, tener un trabajo y, al mismo tiempo, ser espiritual Ser espiritual es fácil si abandonas a la sociedad, te internas en el bosque y convives con la naturaleza y la meditación.

Nuestro mundo fue creado como es por una razón. Se supone que debemos enfrentar el universo tal cual Dios lo creó. Sin embargo, en ocasiones necesitamos alejarnos de todo, encontrar un lugar y un tiempo para estar solos, para centrarnos, encontrar equilibrio y recordar el objetivo real de nuestra existencia.

Luego debemos retornar a los desafíos de la vida.

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LOS BUENOS CERCOS PRODUCEN BUENAS PERSONAS

El nazir simboliza los cercos porque aunque su principal abstinencia es del vino, las prohibiciones que acepta incluyen las uvas, las pasas de uva, el vinagre, las semillas de uva y todo lo que esté remotamente conectado con el vino. Esos cercos ayudan al nazir a asegurarse de no acercarse al vino, que es el objetivo real de su abstinencia.

Al comienzo del tratado talmúdico Pirkei Avot, la primera declaración de instrucción moral incluye el consejo de fijar cercos para uno mismo. Todos necesitamos límites. Si invertimos un poco de tiempo para conocernos a nosotros mismos, será muy claro adonde deberíamos poner algunos de esos cercos.

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Ejercicio espiritual:

Haz una breve lista de algunas cosas que haces normalmente y que sabes que están mal. Piensa en algunos cercos que podrías poner, de forma permanente o temporal, para protegerte de tu propio iétzer hará.