En agosto de 2010 finalmente me senté y escribí un artículo sobre la infertilidad secundaria. Recuerdo haber tratado de escribir a través de las lágrimas que corrían por mi cara, tratando de ser fuerte para transmitir mi mensaje de la mejor manera posible. Yo quería escribir acerca de mi odisea a través de la infertilidad sólo cuando ya estuviera embarazada, pero no podía esperar más. Tenía que llegar a los demás y compartir mi dolor. Sabía que esto no sólo me ayudaría a mí en mi proceso de aceptación, sino que también le daría fuerza a otras personas que estaban atravesando por lo mismo y les haría saber que no están solos. Dos semanas después de que envié mi artículo al equipo de Aish.com, me enteré que estaba embarazada. Ahora escribo este artículo para contarles que sí, hay esperanza.

Ocho meses más tarde, mi familia y yo fuimos bendecidos con una hermosa y saludable niña, y todos los días recuerdo cómo estábamos antes y cuán bendecidos somos ahora. No doy por sentado que mis luchas hayan acabado; estoy agradecida por cada momento. Al venir de un lugar en el cual el dolor era tan profundo y aparentemente interminable, se podría decir que de cierta manera estoy un poco traumatizada. Así que siempre me recuerdo a mí misma que estos momentos me han sido entregados por la gracia de Dios y que debo valorarlos lo más que pueda.

Yo le digo a la gente que nunca se den por vencidos. Al final de cada túnel hay luz. ¡Lo he visto más de una vez! Recen. Trabajen en ustedes mismos, en sus familias y en sus relaciones. No se dejen atrapar por "pensamientos negativos" (¿y si no sucede tal cosa?, ¿y si ocurre aquello?). Díganse a ustedes mismos – está bien, ahora no, pero tal vez pronto. El dolor es un poco más soportable si uno cree que va a mejorar.

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Después de la publicación del artículo en Aish.com recibí muchos comentarios de apoyo – y unos cuantos no tan positivos. Algunos lectores dijeron que mi artículo era insensible porque algunas personas no pueden tener hijos del todo. Para ellos, yo no tenía derecho a sentirme herida porque ya tenía un hijo. El problema con la infertilidad secundaria es que nadie habla de ello. Cuando la gente ve a una pareja sin hijos, casados desde hace mucho tiempo, piensan "tal vez están teniendo problemas", y por lo tanto son muy sensibles y cuidadosos con lo que dicen. Cuando ven a una pareja con uno, dos o incluso tres niños, la gente nunca asume que pueden querer más y que no han sido capaces de lograrlo, así que se sienten más libres con los comentarios o bromas. Mi artículo fue escrito no sólo para expresar los sentimientos de los que están en la misma situación que yo, sino que también para aumentar la conciencia y la sensibilidad. La infertilidad es un dolor tanto para las personas que no tienen hijos como para las personas que sí los tienen. La infertilidad secundaria es un dolor diferente, pero no debe ser minimizado. Es real y significativo, y la gente que la atraviesa necesita ayuda. Necesitan saber que no están solos.

La infertilidad secundaria no debe ser minimizada. La gente que la atraviesa necesita ayuda.

Otro de los objetivos de mi artículo era recordarme a mí y a los demás que cuando atravesamos tiempos difíciles, tenemos que hacer un esfuerzo para poner las cosas en perspectiva. Llegué a muchas conclusiones una vez que empecé el viaje para recuperar mi felicidad y mi paz interior. La primera idea fue que hay personas que no tienen hijos del todo, por lo que yo debería estar agradecida por mi hermosa y saludable hija. Algunas personas están muriendo de cáncer, por lo que yo debería estar agradecida por mi salud. Algunas personas viven en matrimonios terribles o han perdido a sus esposos, por lo que yo debería estar agradecida por mi marido, que está vivo y saludable, que es mi fuerza, mi corazón. Algunas personas no tienen familia ni apoyo, por lo que yo debería estar agradecida por mi familia y amigos que están allí para mí, para hablar y escuchar, y que me han apoyado a través de todo.

En un momento de esta odisea – el momento más oscuro que puedo recordar – me sentía tan desesperada por estar embarazada que no podía concentrarme. Mi médico me sentó y me recordó: "El objetivo aquí es tener un bebé sano, no sólo estar embarazada". Sus palabras me ayudaron a reenfocarme y me recordaron que ciertamente preferiría no tener un bebé del todo que, Dios no lo quiera, sufrir la pérdida de un bebé. A veces estamos tan concentrados en la meta final que no pensamos en la importancia del proceso necesario para llegar allí.

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Continué asumiendo nuevas tareas para mejorarme a mí misma y para mejorar mis relaciones interpersonales. Me alejé de la negatividad en mi vida y me concentré en ayudar a los demás. Escribir mi artículo fue un paso muy grande para mí, ya que sabía que mucha gente lo leería y que eso les daría fuerza y apoyo.

Y una vez que empecé a apreciar realmente las bendiciones en mi vida, recibí otra bendición – una niña.

Donde hay esperanza, siempre hay luz.

Ahora veo que todas las piezas del rompecabezas se unen con cada mes que pasa y entiendo por qué tuvimos que esperar para recibir nuestro precioso segundo regalo. Si las cosas no salen tan fácilmente o exactamente como lo planeamos es porque Dios tiene un mejor plan para nosotros y sólo tenemos que esperar para verlo. Creo que después de todo ese dolor, soy una persona más feliz y más fuerte. Mi fe es más fuerte y soy capaz de atravesar las dificultades de la vida (¡Estamos tarde para un vuelo! El cobro de la hipoteca se acerca y el de la matrícula y el de la tarjeta de crédito... ¡todos el día 15!) con más humor y aprecio. Los problemas que no me dejaban dormir por la noche, ya no me quitan el sueño. Sé que al final todo saldrá bien.

Pienso en las personas que tienen verdaderas razones para no poder conciliar el sueño por las noches, como los padres de la preciosa Ayelet Galena, las familias de las víctimas de la matanza de Toulouse, los huérfanos de la familia Fogel de Itamar, la familia de Leiby Kletzky, y las familias de Rav Gabriel y Rivka Holtzberg de Mumbai, entre muchos otros cuyas tragedias se escucharon en todo el mundo. Pienso en los miembros de mi comunidad que han fallecido dejando a sus hijos y jóvenes cónyuges detrás, y en los que actualmente están luchando contra la enfermedad y que están en extrema necesidad de plegarias. Pienso en mis amigos y familiares que sufrieron pérdidas de sus seres queridos y rezo para que encuentren consuelo y paz.

Por mi parte, rezo cada semana por la gente que tiene el mismo problema que yo tuve. Espero que estas personas hayan escuchado buenas noticias, ya que donde hay esperanza, siempre hay luz. Sólo tienes que esperar por ello y, con la ayuda de Dios, verás la luz.