Melissa Harris-Perry, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Tulane y directora fundadora del Proyecto Anna Julia Cooper sobre Genero, Raza y Política en el Sur, dice que tus hijos no son tuyos, ellos son propiedad de la comunidad. "Tenemos que romper con nuestra idea privada de que los niños pertenecen a sus padres o de que los niños pertenecen a sus familias", dice ella. Los niños pertenecen a comunidades completas, insiste ella, y una vez que nos demos cuenta de esto haremos "mejores inversiones" en ellos. La Srta. Harris-Perry cree que los niños son nuestra responsabilidad comunal y no la responsabilidad de sus padres y familias, que ellos "pertenecen" a toda la sociedad.

Como Dennis Prager siempre dice, "Tienes que ser altamente educado para concebir ideas tan divorciadas de la realidad".

En realidad, nuestros niños no le "pertenecen" a nadie. Ellos son almas que Dios puso bajo nuestro cuidado, un préstamo de nuestro Creador y nuestra labor es ayudarlos a convertirse en adultos exitosos, morales y generosos.

Y si bien es verdad que queremos que la sociedad tome seriamente las necesidades de familias y niños y que el gobierno asigne sus recursos con eso en mente, ciertamente no queremos que le quiten el control a los padres y sea puesto en manos del gobierno.

¿Realmente pondríamos algo tan preciado en manos del estado?

Lo que es preocupante sobre la Srta. Harris-Perry, es que su actitud parece deshumanizar la educación de los niños. Los niños no son máquinas o corporaciones o países. Ellos son seres humanos complejos cuyas necesidades más básicas de amor y seguridad ciertamente no podrían ser satisfechas por el gobierno (parece absurdo tener que decirlo).

Quizás la autora nunca ha escuchado de los primeros kibutzim. Varios de ellos acogieron esta teoría, aunque ciertamente en un ambiente más pequeño. Los niños fueron criados en “casas de niños” y no con sus padres. Ellos “pertenecían a la comunidad” igual como en la visión de Melissa. No hace falta decir que esto no duró mucho. Incluso dentro del relativamente homogéneo marco del kibutz e incluso dentro de la comunidad pequeña, no funcionó. Por dos razones, era dañino para los niños e iba en contra del instinto humano.

Y lo que es más preocupante aún es que la idea tuvo algo de adherencia, y ahora cualquiera puede sugerirla. No sé si esta anfitriona de televisión tiene hijos. Asumo que no, ya que no puedo creer que ella propondría un concepto tan absurdo una vez que haya cargado a su propio hijo en sus brazos.

E incluso si sus palabras (como dicen algunos) fueron distorsionadas y todo lo que ella quería decir es que el gobierno debería estar más involucrado en la crianza de los hijos, la idea sigue siendo perturbadora. Cuando se propone el control del gobierno sobre cualquier aspecto de nuestras vidas, siempre debemos recordar el desastrosamente sistema de correos de Estados Unidos. ¿Realmente pondríamos algo tan preciado en manos del estado?

Pero más allá de eso, creo que si bien es ciertamente maravilloso vivir en una comunidad y poder acudir a los vecinos cuando es necesario, el clamor por la asistencia del gobierno en el cuidado de los niños, en la educación de los niños, las horas de trabajo flexibles, el balance entre trabajo y vida, etc. son todos síntomas de una renuencia a tomar responsabilidad por la propia vida de uno y a aceptar las consecuencias de nuestras acciones.

Estamos de regreso en la discusión de "no puedes tenerlo todo". Yo ciertamente estoy a favor de tener hijos (¡si me agarras en el día correcto!) y creo que no hay nada más valioso que puedas hacer con tu vida. Pero también creo que, como toda otra elección que hacemos, tiene consecuencias. Abre ciertas opciones y cierra otras.

Y nadie quiere aceptar eso. Cuando te casas, eso pone fin (o por lo menos debería poner fin) a tu posibilidad de tener una relación íntima con cualquier otro miembro del sexo opuesto. Algunos podrían considerar eso restrictivo. Es un precio que generalmente estamos dispuestos a pagar para obtener los beneficios del matrimonio. Pero ciertamente cierra algunas puertas.

Si firmas un contrato de negocios con una compañía o un equipo deportivo o te comprometes con cierto programa de televisión, has cerrado algunas puertas. Has restringido tus opciones. Esa es la realidad de la vida.

Y cuando escoges tener hijos, estás haciendo un compromiso con estos seres dependientes que restringe tus otras opciones. Puede ser tan trivial como no poder salir tan a menudo como te gustaría o puede ser que tu carrera profesional se vea limitada. Esto no es algo que el gobierno puede arreglar. El gobierno no puede abrazar a un niño enfermo y limpiar su frente con un paño frío para bajarle la fiebre. El gobierno no puede ayudarlos a estudiar para un examen y consolarlos cuando la calificación no es tan alta como esperaban. El gobierno no puede guiarlos a través de los desafíos de la secundaria y las niñas malas y las maestras incompetentes. No puede ayudarlos a lidiar con la presión de pares en la preparatoria y darles consejos de citas cuando crecen. El gobierno no puede ser modelo de buenos matrimonios y conducta ética y cortesía básica.

Educar hijos es una labor 24/7 por el resto de tu vida y la de ellos (sí, incluso cuando ya se fueron de la casa, incluso cuando están casados, incluso cuando eres abuelo). Es un trabajo difícil, y es un trabajo significativo. Y por sobre todo, es un desafío que no puede ser entregado a nadie más, no a la niñera, no a sus abuelos, no a sus maestros y ciertamente no al gobierno.

Tiemblo al pensar qué pasaría si las ideas de la Srta. Harris-Perry fueran aceptadas. Pero no estoy realmente preocupada, porque creo que no lo serán. El lazo padre-hijo es tan fuerte y es tan primario que pocos de nosotros alguna vez lo entregarían a otra persona sin importar lo que digan los comentaristas