Estaba agotada, adolorida hasta los huesos. Hace un tiempo me uní a otras 25.000 personas para caminar la media maratón en Las Vegas (bueno, ¡en realidad la mayoría de ellos la corrió!).

Como fue en Las Vegas, esta maratón fue muy peculiar (no es que tenga otra experiencia de maratón con la cual comparar, ¡y no es que planeo tener alguna experiencia futura de maratón!). Se llevó a cabo en la tarde, a lo largo del Boulevard Las Vegas, el Strip, el cual permaneció cerrado por el tiempo que duró la maratón (un fenómeno en sí mismo).

Había bandas a lo largo del camino, había multitudes vitoreando, había participantes disfrazados y, al estilo de Las Vegas, existía la posibilidad de parar por tres minutos para contraer matrimonio (puedes ahorrar mucho en rentas de salones y vestidos de damas de honor de esta forma) o renovar tus votos (¡escuché que 70 parejas lo hicieron!).

Había definitivamente una sensación de emoción (o algo por el estilo) en el ambiente. Pero esa no era la razón por la cual yo estaba allí (mi esposo no vino, así que la "renovación de votos" no era una opción). Mientras que la mayoría de los corredores participaron en apoyo a una fundación que ayuda a personas con enfermedad de Crohn (definitivamente una causa noble), yo estaba allí con otros 70 en apoyo a Chai Lifeline, una maravillosa organización cuya misión es "restaurar la luz de la infancia para niños cuya inocencia terminó cuando les fueron diagnosticadas graves enfermedades”.

Ellos estuvieron ahí para nosotros cuando mi nieta estuvo enferma y, de una forma particularmente sensible y considerada, siempre trajeron regalos para su hermano mayor cuando venían a visitar. Ellos son famosos por su campamento de verano, Camp Simcha, un campamento para niños con cáncer u otras enfermedades hematológicas. El entusiasmo y espíritu en este campamento es contagioso, y al menos por este breve tiempo, los niños pueden divertirse e intentar olvidar sus desafíos.

Los consejeros de la organización son una inspiración. Y eso me mantuvo caminando, a pesar de que mis dedos estaban adormecidos, a pesar de que el viento de 70 km/h casi me voló la peluca (!), a pesar de que los baños portátiles eran desagradables y tenías que esperar por mucho tiempo. La alegría en las caras de esos campistas me mantuvo avanzando mientras caminábamos por repugnantes barrios, a medida que mi boca se secaba, a medida que mi energía se desvanecía ¡y a través de la decepción de descubrir que ni siquiera habíamos llegado aún a la mitad del camino!

Eso me mantuvo avanzando, junto con mi determinación, la presión de los pares, no ceder a la "vejez" y todo eso. “¡Nadie ha renunciado a nosotros nunca!”, nos animaban los organizadores del Team Lifeline. Nosotras ciertamente no podíamos ser las primeras. Así que mi hija y yo seguimos caminando, lento pero seguro, (mi hijo corrió así que él estaba mucho más adelante y se perdió nuestra brillante conversación tanto como nuestros quejidos y gemidos de incomodidad). Nosotras caminamos y caminamos y caminamos.

Hablamos hasta que nos quedamos sin temas de conversación. Intentamos escuchar las conversaciones a nuestro alrededor pero por los temas que estaban en discusión, ¡era claro que también se habían quedado sin temas! Nos reímos y caminamos. Casi lloramos y caminamos. Hasta que nos topamos con la línea de la meta y recibimos nuestras medallas (¡todos son ganadores aquí!), un refrigerio y la satisfacción de haber logrado nuestra meta, completamos la caminata y reunimos dinero significativo para una causa que vale la pena (¡gracias a todos nuestros patrocinadores!).

Había una fiesta después de la carrera pero estábamos demasiado cansadas. La media maratón era oficialmente 21 kilómetros pero con la caminata hasta el punto de partida y la caminata de regreso a nuestro hotel calculamos que fueron unos 24 kilómetros en total. Y a pesar de mi actividad diaria regular, yo no estaba preparada. Tragamos nuestra cena (sin exagerar) y nos desmayamos en nuestras camas.

No suena bien, pero recomiendo la experiencia a todos, una buena causa, un buen esfuerzo, buena camaradería y la satisfacción de un trabajo bien hecho (o al menos hecho).