Hace más de una semana que no sabemos nada de Yaakov Naftalí ben Rajel Devora, Gilad Mijael ben Bat Galim y Eyal ben Iris Teshura, los tres jóvenes israelíes que fueron secuestrados por terroristas.  

En la víspera del Shabat antepasado nadie sabía mucho todavía, por lo que no se habló tanto del tema. Sin embargo, después de Shabat ya todos conocían la terrible noticia: los tres jóvenes habían sido raptados por terroristas.

Desde ese momento, Am Israel no ha parado de romper el cielo con tefilot (plegarias). Kipot de todos los colores, gente sin kipá, soldados, madres, niños, rabinos, todo Am Israel rezando con toda el alma para que Dios tenga misericordia y libere sanos y salvos a estos tres jóvenes. 

Las palabras no alcanzan para describir la ajdut, ‘unión’ que hay hoy en día en Israel. Hace unas semanas las noticias eran en torno a las peleas entre distintos sectores de la sociedad, hoy todos rezamos unidos por tres jóvenes que sólo unos pocos conocen.

Me imagino cómo será en otros países cuando —Dios no lo quiera— raptan gente: probablemente lo avisan en las noticias y ahí queda el asunto, hasta que se sabe finalmente qué pasó. Acá es otro mundo...

¿Saben cómo anunció el Primer Ministro la terrible noticia? Él dijo: “Hanearim shelanu ‘nuestros jóvenes’ fueron raptados”. Porque Am Israel es uno, un solo corazón, una sola alma, y no es “el hijo de tal” el que fue raptado, sino que “nuestros hijos fueron raptados”.

Hoy llegué al trabajo y no pude contener las lágrimas cuando se acercó una de mis compañeras de oficina —que se caracteriza por estar siempre haciendo chistes—, con una cara larga y los ojos llorosos, me miró y me dijo: "No puedo más". Luego me abrazó y se puso a llorar. Luego llegó mi otra compañera y comenzó a rogarle a Dios que por favor no los maltraten, que los dejen libres. 

El ambiente en general era tenso, triste, cuando nos preguntábamos los unos a los otros “¿Cómo estás?”. Todos nos mirábamos y ya sabíamos lo que pasaba, tal vez yo estoy bien, sin embargo al lado mío hay una madre que tiene a su hijo en manos de terroristas. ¿Cómo decir “estoy bien” si tres jóvenes de Am Israel fueron capturados? Pasaba por el pasillo y cuando entraba en la oficina de alguien a preguntar o pedir algo, veía que estaban recitando Tehilim (Salmos). Fui a la cocina a prepararme un café y una compañera me dijo: “A pesar de que hay mucho trabajo y hay que hacerlo, trata de recordarlos en cada momento, eso es lo que Dios quiere de nosotros, que los recordemos”.

Cuando volvía del trabajo puse la radio para escuchar las noticias, y sólo se escuchaban pedidos de tefilot; números telefónicos para inscribirse en cadenas de Tehilim (Salmos); incluso en las radios no religiosas los periodistas pedían que la gente rezara. 

Durante dos días seguidos se organizaron tefilot masivas en el Kotel, lleno de gente, de todos los sectores, recitando Tehilim y rezando. Al final, todos juntos cantaron “Ajeinu kol beit Israel”. Hoy en día cantamos con tristeza, con un dolor profundo en el Kotel, el pedacito que quedó del Beit Hamikdash

Miro hacia atrás y aún no se pueden sacar muchas conclusiones, pero lo que sí me parece importante es tratar de entender qué quiere Hashem de nosotros, parece que nos está diciendo: "¡Hijos míos! ¡Únanse! ¡Quiéranse! ¡Así como yo los quiero!".

Lo mismo pasó hace unos meses atrás cuando después de una fumigación en una casa, una familia entera se intoxicó. Dos niñas, Yael y Abigail Gross murieron, y dos niños pequeños sobrevivieron (junto con los padres). Los niños estaban tan mal que los mismos doctores decían “Necesitamos que el verdadero ‘Doctor’ cure a estos niños, sólo esperamos un milagro". Gente que no reza empezó a rezar, mujeres que no encienden velas de Shabat comenzaron a encender, todo para la recuperación de estos dos niños, los únicos que le quedaban a esta familia. Hashem escuchó los rezos, y milagrosamente, después de unos días, los niños despertaron. 

Esto fue hace sólo unos meses, todos nos unimos y hoy en día, de nuevo estamos todos unidos, para abrir las puertas del cielo con nuestras tefilot, para que Yaakov Naftalí, Eyal y Gilad Mijael vuelvan a sus casas.

Sabemos la razón por la cual el Segundo Templo se destruyó: Sinat Jinam, ‘odio gratuito’. Tratemos de entender que la única forma para que volvamos a tener Beit HaMikdash es a través de la unidad. Hashem nos quiere tanto, y sufre tanto cuando estamos separados. No dejemos más que sólo tragedias como estas nos unan, unámonos por el solo hecho de ser Iehudim, hermanos. 

Ahora tenemos una sola misión: tefilá, tefilá y más tefilá. Demostrémosle a Dios que es verdad que a veces nos equivocamos, que a veces miramos en menos al menos religioso, al más religioso, al que no es religioso, al que es de derecha o de izquierda, etc., pero que queremos cambiar, queremos querernos, queremos ser un ¡lev ejad!, ‘un solo corazón’. 

No hay palabras para describir el dolor, ni para entender lo que acá se vive, solo le pido a Hashem que se apiade de sus hijos, de estos tres jóvenes, hermanos nuestros, que volvían a sus casas para pasar Shabat con sus familias y en el camino fueron secuestrados por terroristas, que junto con el regreso de Naftalí, Gilad y Eyal, Hashem nos mande también al Meshiaj y podamos realmente cantar juntos en el Beit Hamikdash, pero esta vez, cantar de alegría.